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27 Febrero 2023
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La Palabra

1º Domingo de Cuaresma, “A”
P. Rubén Antonio Macías Sapién

No sólo de pan vive el hombre

Mt 4,1-11

Hermanos y hermanas, hoy es el primer domingo de Cuaresma, hemos comenzado este tiempo litúrgico y las lecturas de hoy nos invitan a descubrir y desear la gracia que Dios nos da de manera sobre abundante para recorrer nuestro camino de seguimiento del Señor de cara a la gran celebración de la Pascua. El Papa Francisco nos invita, en su mensaje de cuaresma, “a subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular” de conversión, de misericordia, de transfiguración. (Cfr. Mensaje de Cuaresma 2023, Papa Francisco).

Quisiera insistir sobre este mensaje positivo y esperanzador; aún si el tiempo de cuaresma invita al sacrificio, a la penitencia, a la conversión, lo primero que estamos llamados a reconocer en este domingo primero de cuaresma es la Gracia de Dios que nos acompaña, libera y salva. La segunda lectura de hoy (Rm 5,12-19) nos invita a tomar consciencia y creer en la Gracia de Dios dada a nuestros corazones para vencer nuestra naturaleza frágil ante el tentador y ante su propuesta de pecado. “En este tiempo litúrgico -de cuaresma, dice el papa- el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado”, nos lleva a nuestros desiertos, ahí donde no hay vida, donde todo esta reseco, donde nos abruma la soledad y el silencio. “Debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado-insiste el papa-. Un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración”. (Mensaje para la cuaresma 2023, Papa Francisco).

Es verdad que el tiempo de cuaresma nos recuerda las tentaciones, pero sobre todo nos recuerda la gracia que nos hace superarlas, así como Jesús (Mt 4,1-11). La cuaresma es un tiempo maravilloso donde abunda la gracia de Dios. El don de Dios, la luz de Dios, su amor misericordioso quiere colarse en los recovecos de nuestro ser, donde se cuece lo que somos, para reconstruir fracturas, curar heridas, vigorizar lo débil y volver a modelar nuestro “barro”, para experimentar de nuevo ese “aliento de vida” y “recomenzar a vivir” en esa plenitud que Cristo Resucitado nos trae. (Primera lectura: Gen 2,7-9;3, 1-7)

La clave está en nuestra decisión de abrir la puerta del corazón a esa Gracia que sobreabunda, aunque también en nosotros pueda abundar el pecado. Pero este primer domingo de Cuaresma Dios quiere que veamos esa Gracia, en abundancia, que recibimos por nuestra fe en Jesucristo. ¡Qué magnífico don! Las lecturas de hoy nos invitan a vivir nuestros “combates” con esa confianza; vivir y enfrentar “las tentaciones” de la vida con esa seguridad y confianza, porque “si por el delito de uno solo murieron todos, ¡Cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos!

He ahí, hermanos nuestra esperanza, nuestra certeza, en Jesús, recibimos gracia sobre gracia; esa es la experiencia de San Pablo y como él, de tantos cristianos que, sabiéndose beneficiarios de esa Gracia, enfrentaron las tentaciones, los combates de la vida cristiana con esa fuerza, esa esperanza y lograron, como Jesús, esa victoria de una vida plena, victoriosa ante el pecado.

Hablemos pues de esa victoria de Jesús, reconozcamos en sus tentaciones, aquellas que nosotros vivimos a diario y aprendamos de él para vivir nuestras victorias, llenos de su gracia.

La primera tentación es hacernos dudar de lo que realmente somos: hijos de Dios, imágenes suyas, instrumentos de Dios para hacer el bien: «si eres hijo de Dios...», le dice el tentador; es el estribillo que acompaña a cada tentación: convierte estas piedras en panes, más tarde le dirá: ¡bájate de la cruz!, usa tus talentos y recursos solo para ti mismo, para satisfacer tu hambre, tus necesidades. En una palabra, es un llamado al egoísmo, a olvidar quién soy realmente y de dónde (de Quién) vengo. Jesús responde afirmando su identidad de Hijo de Dios y la obediencia a su voluntad: “No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

La segunda tentación es pretender que Dios se ponga a mi servicio, usar a Dios para mis intereses, ponerle a prueba para que me resuelva mis problemas. Es una tentación muy sutil y muy común en nuestro tiempo. Buscar un Dios a mi medida, a mi conveniencia, a mi servicio. El tentador nos mueve a vivir una cierta religiosidad, donde nuestra oración es hecha para darle instrucciones a Dios de lo que me interesa y conviene que haga... en vez de preguntarme en su presencia lo que tengo que hacer para no tropezar y caer, cuál es su voluntad. Jesús no busca más que cumplir la voluntad de su Padre, en todo, aún en el camino del calvario. “No tentarás al Señor tu Dios”.

La tercera tentación la llamamos la ambición desmedida, «todo esto te daré», le dice el tentador. La vivimos a diario, cuando siempre queremos más, lo mejor, nunca estamos satisfechos con lo ya conseguido, queremos triunfar, que nos admiren a cualquier precio, incluso negando a Dios y sacrificando al hermano para nuestro beneficio; usando todo y a todos solo para alcanzar; es la tiranía del beneficio propio, la imagen, el prestigio, el consumismo depredador de la naturaleza y de los más pobres, el usar del otro para mi ventaja, etc. Jesús es claro y tajante: “Retírate, Satanás, porque está escrito: adorarás al Señor tu Dios, y a él sólo servirás”.

Estimados hermanos y hermanas, debemos estar atentos a estas tentaciones, revestidas quizá con otros ropajes, pero siempre las mismas, para plantarles cara y vencerlas.  Las tentaciones, vividas a la manera de Jesús, son una oportunidad clara para testimoniar que la Gracia de Dios nos ha sido dada de manera sobre abundante y, junto con ella, salir victoriosos mostrando nuestra identidad de Hijos de Dios, constructores de su Reino y comprometidos con la transformación de toda realidad sometida al pecado.

Vivamos pues nuestra cuaresma, conscientes de nuestra identidad y nuestra misión en este mundo, conscientes de esa Gracia abundante que nos da la fuerza y la esperanza. Feliz camino victorioso hacia la Pascua del Señor.

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