
“Éste es mi hijo muy amado, ¡escúchenlo!”
Estimados hermanos, entramos ya en la segunda semana de Cuaresma, aún quedan muchos días de camino hasta la Pascua de Resurrección. Las lecturas que hemos escuchado nos invitan a abandonar la rutina cotidiana del día a día para adentrarnos en la aventura de buscar a Dios y unirnos a Él. Como nos dice el papa Francisco en su mensaje de cuaresma este año: “En efecto, en este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis” (Mensaje del Papa Francisco, cuaresma 2023). De hecho, la primera lectura (Gén 12,1-4) nos recuerda la experiencia de Abram a quien Dios los invita a dejar su tierra, su casa; a tomar el camino hacia “la tierra que yo te mostraré”. En la segunda lectura (2 Tim 1,8-10), se nos invita a la confianza, al abandono; éste llamado, que nos pide algo tan grande, no puede ser cumplido por nosotros sino gracias a una confianza puesta en Jesús, reconocido como nuestro Salvador, quien cumplirá esa promesa de una “tierra nueva”. Y este camino nos hace subir a la montaña, al lugar de la manifestación de Dios. Ahí Dios nos hace experimentar toda la grandeza de la salvación traída por Jesús; ahí viviremos esa “transfiguración” que nos lanza hacia la Pascua comprometidos con los hermanos y con el Reino que se manifestará en la Cruz de Cristo.
Emprender el camino, fortalecer nuestra confianza, escuchar al hijo amado, he ahí los tres temas de nuestro domingo, las tres acciones que estamos llamados a vivir en esta segunda semana de Cuaresma.
Emprender camino: La cuaresma se vive en el camino; se vive “saliendo” de nuestros modos de vida; Abram se le pide abandonar la tierra, los lazos de siempre, porque Dios quiere comenzar algo nuevo en un sitio quizá menos deslumbrante, diferente, pero al fin al cabo un lugar donde Abram será bendecido y en él, todos los pueblos. Por lo tanto, dice el papa en su mensaje: “Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña”. (Ibidem)
Fortalecer nuestra confianza en Dios: Abram es el modelo del creyente que se fía rotundamente de Dios y que busca una luz nueva. La carta a los Hebreos (11,8-10) describe profundamente ese momento: se fue a una tierra extraña, sin saber adónde iba. Pero Dios no falla nunca; pide, pero siempre responde. Abram deja detrás la cultura de los ziggurat, la grandiosidad de los dioses mesopotámicos pero que no han llenado, a pesar de todo, la vida de los hombres. Atrás queda Babel, Babilonia, los intereses de los pueblos y ciudades, sus confusiones y orgullos..., porque Dios, un Dios con corazón, le quiere brindar a él, y con él a la humanidad, una vida con más sentido. Dios quiere ofrecer algo nuevo, una “tierra nueva”; Abram está llamado a emprender, según nuestro relato, el camino de la fe, de la confianza absoluta en Dios.
Hermanos, esto es Cuaresma, es una invitación del Dios todopoderoso, del Dios Salvador a cada uno de nosotros a emprender el camino hacia esa novedad que él nos trae; como Abram estamos invitados a emprender el camino de la fe, de la confianza absoluta de Dios. No nos conformemos con los dioses, los ídolos de nuestra sociedad que finalmente no nos pueden salvar, osemos “emprender la ruta” hacia la novedad que Dios nos propone.
Escuchar al hijo amado: “La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la indicación es muy clara: escuchar a Jesús -así lo afirma el papa en su mensaje-. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios, que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. No dejemos que caiga en saco roto. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda”. (Ibidem)
Hermanos, la liturgia de este domingo nos invita a subir “al monte de la transfiguración”; en nuestro camino de cuaresma es fundamental aceptar la invitación de Jesús a vivir nuestro encuentro con él. La cuaresma vivida solo como penitencia, como renuncia, como ayuno y sufrimiento no puede tener consistencia, así no es querida por Jesús, él “tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y los hizo subir a un monte elevado”, dice el evangelio de hoy. Hoy Jesús nos toma y nos hace subir a su encuentro. La cuaresma es un tiempo de búsqueda de Dios y de su voluntad en la “contemplación” y en la “oración”, es un tiempo de escucha. En esta semana estamos llamados a profundizar en esta contemplación; estamos llamados a ponernos a la escucha de Jesús, es decir a leer los evangelios, a orar, a meditar: “Éste es mi hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; ESCUCHENLO”. He ahí la invitación de esta segunda semana de Cuaresma: subir al monte, emprender el camino, fortalecer nuestra confianza y escucharlo, permitiendo a Dios transformar nuestra vida y darnos luz.
Pudiéramos concluir haciéndonos estas peguntas: ¿Qué vas a hacer para “emprender la ruta” hacia esa novedad que Dios te propone? ¿Qué tienes que dejar? ¿En verdad confías en Jesús y su llamado? ¿Qué vas a hacer para “vivir” en esta semana a la escucha del hijo amado? ¿Qué harás para abrir tu corazón a su palabra?
Que Dios te conceda experimentar al Cristo Transfigurado y así bajes al encuentro de tu hermano para acompañarlo hasta la Pascua, es decir hasta la nueva vida en Cristo Resucitado.

