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15 Enero 2022
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La Palabra

II Domingo del Tiempo Ordinario
Mihigo Justin, sx

Jesús es capaz en todo, convirtió el agua en vino

Jn 2,1-11

El Evangelio de este segundo domingo del tiempo ordinario nos habla de una boda, y comienza diciendo: Al tercer día, hubo una boda en Caná de Galilea... fue una boda muy especial... pues la madre de Jesús se encontraba ya allí, fueron también invitados Jesús y sus discípulos.
Es interesante observar cómo Jesús se manifiesta también en las comidas, en las cenas. Comer con diferentes personas, visitar diferentes casas fue un lugar privilegiado por Jesús para dar a conocer el proyecto del reino de Dios. Es una manera de vivir el reino de Dios en la vida cotidiana, el simbolismo e comer juntos es el de la benevolencia, la amistad o comunión de vida. “No tienen vino…” A la solicitud de su madre, Jesús reacciona de modo inesperado y desconcertante: “¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora”. Literalmente, Jesús diría, lo siento mucho, madre, nosotros somos invitados y no somos organizadores de la fiesta por favor, compórtate bien. Aunque hay un abierto rechazo, la madre indica a los que sirven las mesas que obedezcan a cuanto diga Jesús. A través de esta actitud la madre de Jesús no se rinda, su constancia nos invita a una actitud orante y perseverante.


Hermanos y hermanas, ¿cuántas veces nos rindamos, tiramos la toalla o nos encerramos en nosotros mismos cuando nuestra propuesta o petición no es considerada por los demás, en nuestras familias, en el trabajo, en la escuela, en
nuestras amistades, en diálogo con Dios…?

A veces nos lamentamos, Dios no nos escucha, nos desanimamos porque pensamos que no hay otra salida. En la oración o petición, debemos poner en el centro la voluntad de Dios y no la nuestra como hizo la Virgen María: “Hagan lo
que él les diga”. Acerquémonos a esta Maestra, la Virgen María, para aprender de ella, la confianza, la paciencia y la perseverancia.

Jesús cambia el agua en vino por la intercesión de su Madre. En este sentido se habla del primero milagro de Jesús. En el evangelio de Juan, el milagro no es llamado “acto de poder” sino más bien un “signo”. El signo en
este relato, suscita la fe de los discípulos en Jesús y manifiesta la gloria del que lo realiza como hemos escuchado en el evangelio de hoy (Así mostró su gloria y sus discípulos creyeron en él).

¿Cuál sería el símbolo del vino mejor en este escrito de Juan? El vino mejor puede ser la fe viva, la caridad, la alegría, la esperanza, el perdón, la paciencia, la constancia en la oración… Cada uno de nosotros debería preguntarse ¿cuál sería el vino nuevo que más necesito en mi vida?

La Virgen María fue una invitada no pasiva sino activa y atenta. Cómo nosotros somos atentos a las necesidades de los demás, sobre de los más pobres, las personas víctimas de esta Pandemia. La madre de Jesús nos invita de cambiar nuestro egoísmo e indiferencia en la sensibilidad y caridad en el servicio a los hermanos y hermanas.

Qué nuestra confianza en la poderosa intercesión de María Santísima sea total y filial. Ella, como en Caná, provocó un milagro: “no tienen más vino”, que ella interceda por cada uno de nosotros porque ella conoce nuestras necesidades materiales y espirituales. Su hijo, que convirtió el agua en vino, es capaz de cambiar cualquier situación de nuestra vida.

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