Aspiren a los dones de Dios más excelentes
Estimados hermanos y hermanos, este domingo, las lecturas de la Palabra de Dios tocan dos temas importantes en la vida de todo cristiano, y que en tiempos como éste deben de ir unidos profundamente: el amor y la profecía, o de otra manera, el amor en su dimensión profética.
“Aspiren a los dones de Dios más excelentes” (1 Cor 12,31-13,13) nos exhortaba san Pablo, y ¿cuál es ese don? el amor. Ese don ha sido el centro de la predicación de Jesús y su herencia más grande para todo cristiano; ha sido la razón por la cual ha venido al mundo y el eje central de la Buena Noticia que ha anunciado a todo el mundo, aún si esto provocaría el rechazo de algunos, pero él no se detiene, aún si desean llevarlo al precipicio (Evangelio: Lc 4,21-30), él debe anunciarlo. “Cíñete y prepárate; ponte de pie y diles lo que yo te mando. No temas, no titubees delante de ellos; te constituí profeta para las naciones”, leíamos en la primera lectura. (Jer 1,4-5.17-19).
Retomemos la afirmación: “Aspiren a los dones de Dios más excelentes”. Hermanos, existen muchos otros dones, la lectura de San Pablo menciona, por ejemplo, el don de lenguas, el don de penetrar todos los misterios, el don de la ciencia, incluso si alguien tuviera todo el dinero del mundo para repartir, pero, insiste repitiéndolo continuamente, “si no tengo amor, de nada sirve”. Y de eso, nosotros, la sociedad del siglo XXI somos plenamente testigos. “De nada sirve”, que palabras tan proféticas y verdaderas. La sociedad moderna, desde hace mas de un siglo ha optado por la ciencia y la tecnología, por la riqueza y el
bienestar, por la democracia y el laicismo, y eso, está bien, pero, y he aquí lo “imperfecto”, dejando a un lado “los dones mas excelentes”, que son: la fe, la esperanza y el amor, dice la segunda lectura, sobre todo el amor que es el mayor de los tres. Dice la Palabra de hoy: “el don de lenguas desaparecerá y el don de ciencia dejará de existir, porque nuestros dones de ciencia y de profecía SON imperfectos”. ¿Y por qué imperfectos? porque se viven y se practican sin los dones más excelentes como son el amor, la fe, la esperanza.
Fíjense hermanos, nunca como antes la ciencia y la tecnología han llevado al planeta tierra a producir alimentos; existen la capacidad mundial de nutrir siete veces la población mundial, pero en el mundo existen millones de personas que mueren de hambre y millones que sufren por la obesidad. ¿Y por qué? La ciencia nos ha hecho ver, nos ha demostrado que estamos acabando con el planeta, nos ha mostrado además como respetar la naturaleza, como usar energías renovables, como vivir en equilibrio con la ecología, pero…; estamos llevando el planeta al borde del precipicio…, y es solo cuestión de unas décadas; ni tú ni yo, ni los gobiernos hacemos lo que la misma ciencia nos ofrece como solución. Está comprobado científicamente que las drogas matan y que quienes las promueven terminan muriendo y matando; a diario lo vemos. Pero, poco a poco nuestro país esta siendo presa de esta realidad y de estos grupos. La ciencia nos ha ayudado a entender qué es lo que debemos comer y hacer para estar sanos y saludables; hay toda una literatura para vivir sanamente. A pesar de ello, ni nosotros cambiamos habitudes, ni los gobiernos aplican políticas para evitar el comercio de comida dañina, chatarra y que envenena al pueblo. La ciencia médica ha hecho inmensos avances; nunca la humanidad había alcanzado tanta tecnología médica, tantos medicamentos, pero, a pesar de ello, un virus nos tiene en jaque; millones mueren por falta de atención, la salud se ha convertido en un negocio y las farmacéuticas engendran un puñado de millonarios y millones de empobrecidos. ¿Y por qué todo esto? Nos dice hoy el Señor: “porque nuestros dones de ciencia y de profecía SON imperfectos”, mientras sigamos
adelante sin asumir la fe y el amor como criterios de vida, de organización social, de conducción de nuestras vidas, pues serán imperfectos.
Hay algo que me llama la atención del evangelio. Nos dice que la gente se pregunta: ¿No es éste el Hijo de José? Y enojada contra Jesus, “lo llevaron hasta un precipicio de la montaña”. Hermanos, démonos cuenta que nuestra sociedad esta llevando al Hijo de José al precipicio, es decir, a las nuevas generaciones hacia el precipicio. El hijo de José representa al ser humano naciente, a las nuevas generaciones que no podrán tener una mañana.
¿Qué es lo que Jesús hace? Y es aquí a donde quiero llegar en mi reflexión. Dice el evangelio: “Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí”. Necesitamos asumir esta actitud profética y devolver a nuestra vida esos dones mas excelentes, como son la fe y el amor. Debemos pasar en medio de la gente de nuestro tiempo y proclamemos de nuevo la revolución del amor y de la fe; como cristianos tenemos un rol importante para que el Hijo de José no sea precipitado en el acantilado; es importante ayudar a nuestra sociedad a organizarse a partir de la fe y el amor a Dios, al hombre y a la naturaleza. La ciencia, la política, la justicia, la democracia, la educación, todos esos dones propios de una sociedad y una cultura tienen que ser vividos nuevamente desde ese eje central que las convierte en instrumentos de progreso y de paz y esos ejes son: la fe, la esperanza y el amor.
“Cíñete y prepárate; ponte de pie y diles lo que yo te mando. No temas, no titubees delante de ellos”; Jesús lo ha hecho y ha iniciado su misión apostólica; lo veremos los próximos domingos anunciando y practicando la buena noticia del amor. ¿Y tú y yo? ¿Qué haremos? ¿Cuál es nuestra actitud como cristianos ante todo esto?
Hermanos, si el Evangelio hoy, no es vivido por nosotros, si finalmente no somos levadura, sal, palabra profética, propuesta alternativa de vida para nuestro tiempo, simplemente, no habría servido de nada la venida de Jesús, su mensaje, el que nos digamos ser discípulos suyos. Pronto seremos simplemente «una pieza de museo» de otro tiempo... perfectamente inútil y prescindible. Pero si ponemos en el centro el Amor, la fe, la esperanza... Todo será distinto. Si aceptamos ser PROFETAS DEL AMOR, si vamos contra corriente y comenzamos la revolución de amor, algo nuevo surgirá. Jesus lo ha hecho. ¡Hagámoslo también nosotros!


