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24 Octubre 2021
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La Palabra

XXX Domingo Ordinario “B”
P. Rubén Antonio Macias Sapien sx

«No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído»

Mc: 10, 46-52

Queridos hermanos y hermanas, hoy la Iglesia recuerda la misión que Cristo resucitado le ha encomendado, aquella de anunciar el evangelio a todas las personas pues, como dice San Pablo en la segunda lectura (1 Tim 2,1-8), “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Hoy celebramos la jornada mundial de las misiones. En este año 2021, el papa Francisco en su mensaje nos recuerda un pasaje fundamental que nos ayuda a reflexionar el porqué de nuestra misión, por qué tú o yo debemos ser misioneros: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20).

En la lectura del Evangelio de hoy (Mc 10,46-52) se nos presenta exactamente el milagro de la curación de un ciego, el cual, dice San Marcos, “recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino”. La experiencia de encuentro con Jesús y su misericordia le hizo “recuperar la vista” y entonces, desde esta experiencia, asume la firme determinación de tomar el camino con Jesús, el camino de la misión. “Cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído”. (Mensaje del Papa Francisco para el DOMUND 2021). Esta es la experiencia del ciego del evangelio.

 Permítanme insistir sobre la realidad de este hombre que representa a cada uno de nosotros y el proceso que debemos de hacer para “recobrar la vista” y convertirnos en discípulos misioneros. Este ciego, “llamado Bartimeo”, es el símbolo del hombre que vive en desconocimiento del verdadero Dios, el del amor y por ello permanece en la tiniebla. “Se hallaba sentado al borde del camino”, nos dice el evangelista, es decir como un ser marginado, descartado por los demás, sin esperanza, no “ve” futuro, nada lo motiva a moverse. Además, se ve obligado a depender de los demás para garantizar su subsistencia, “estaba pidiendo limosna”. Recuerda a tantos discípulos que prefieren permanecer “al borde del camino”, desmotivados, ante la realidad, en vez de hacer suyo el camino de su maestro, el camino de la misión, del servicio, de la misericordia.

Nos dice el texto que “al oír que el que pasaba, por el camino, era Jesús, comenzó a gritar”. He ahí dos verbos interesantes a reflexionar en nuestro proceso de discipulado: “oír y gritar”. Cuando sentimos que todo es tiniebla, “que no vemos” por donde, es importante oír a Jesús que pasa y gritar, aún si todos los demás nos callan, aún si la sociedad nos pide no gritar, no hablar, “no debemos dejar de hablar”, no debemos dejar de oír y gritar ante Jesús que pasa: “Jesús, Hijo de David, ¡ten compasión de mí!”

Entremos en la experiencia fundamental de este hombre y de todo discípulo. Al oírlo, “Jesús se detuvo” y lo llamó. Jesús no puede seguir de largo cuando hay un hombre gritando su nombre. Jesús es alguien capaz de mirar, de oír, de darse cuenta... aún en medio de todo el jaloneo de la multitud y del camino.  Jesús es una persona atenta, concentrada en lo importante, es decir: atento a las personas. Además, Jesús «llama», se interesa, se acerca, no se informa a distancia. Su misericordia se muestra en este interés, en esta cercanía. Y además dialoga: ¿qué quieres que haga por ti? No da por supuestas las cosas, no «adivina» lo que le pasa. Prefiere que aquel hombre ponga nombre a sus sufrimientos, a sus deseos, a su inquietud. Le ayuda a expresarse. Es una condición esencial para salir de su situación. Le da confianza, le muestra misericordia, le hace “ver” con el corazón la bondad de Dios. En esta experiencia personal, la fe de Bartimeo se reaviva; recupera la visión, identifica la compasión de Jesús, es un Dios nuevo o distinto, es un Dios amor. Acostumbrado a los rechazos, jamás imaginó que Jesús lo llamaría, pero así es: “¡Animo!, levántate, porque él te llama”, le dicen los otros. Él da un «salto», a la vez que se «desprende» de su manto. He ahí los signos de una conversión, de un deseo de emprender un camino. Jesús no hace ningún “signo extraordinario” para curarlo, solo unas palabras: “Vete; tu fe te ha salvado”. Esto bastó para que Bartimeo redescubriera el don de “ver” a Dios y a los demás, de descubrir que puede hacer algo por los demás, que la vida no se juega “al borde del camino” sino haciendo camino con él, sobre todo el camino que va a Jerusalén, el camino de la entrega, del servicio. Concluye esta maravillosa experiencia con la afirmación: “Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino”. Bien lo dice el papa en su mensaje: “El amor siempre está en movimiento y nos pone en movimiento para compartir el anuncio más hermoso y esperanzador: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41). Bartimeo lo ha vivido y por eso se ha transformado en un discípulo misionero. «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20).

Hermanos y hermanas he ahí la invitación de Jesús para este domingo mundial de las misiones. Hagamos todos esta experiencia; Jesús pasa tambien hoy, por el camino de tu vida. Detectemos, antes que nada, nuestras propias cegueras, aquello que nos impide ver a Jesús, ver a los demás, ver nuestra misma realidad. Escuchemos la voz de Jesús que nos llama y aventemos todo aquello que nos mantiene “cómodos al borde del camino”; aceptemos dejarlo todo y acerquémonos a Jesús. A nuestros hermanos que son llamados por Jesús, y que también están “al borde del camino” no les seamos estorbo, no intentemos callarlos, al contrario digámosles: «Ánimo, levántate, que te llama». Esta jornada invita a orar por las vocaciones misioneras, invita a trabajar por las vocaciones misioneras. Ante todos los que se encuentran desanimados en su vida cristiana, que están “al borde del camino pidiendo limosna”, ve, acércate y, como Jesús, diles: «¿Qué quieres que haga por ti?». La jornada mundial nos invita a ser instrumentos en las manos de Jesús que sigue acercándose a todo aquel necesitado de misericordia. Nos invita “a cada uno de nosotros a “hacernos cargo” del otro y dar a conocer aquello que tenemos en el corazón. Esta misión es y ha sido siempre la identidad de la Iglesia: «Ella existe para evangelizar», nos dice el Papa en su mensaje.

En fin, al igual que Bartimeo, “al igual que los apóstoles y los primeros cristianos, -sigo parafraseando el mensaje del Papa- también nosotros decimos con todas nuestras fuerzas: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20). Todo lo que hemos recibido, todo lo que el Señor nos ha ido concediendo, nos lo ha regalado para que lo pongamos en juego y se lo regalemos gratuitamente a los demás”. (Mensaje del Papa Francisco para el DOMUND 2021).

En esta jornada mundial de las misiones renovemos nuestro compromiso cristiano en favor de aquellos que aún no conocen a Cristo, aquellos que, “al borde del camino”, esperan la salvación.

¡Buen domingo de misiones!

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