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17 Octubre 2021
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La Palabra

XXIX Domingo ordinario “B”
P. Rubén Antonio Macias Sapien sx

¿Qué es lo que desean?

Mc 10, 35-45

Hermanos y hermanas, desde hace varios domingos insistimos sobre el camino que Jesús ha emprendido hacia Jerusalén; Jesús está en camino y nada lo detiene. Sus apóstoles lo acompañan y son testigos de sus palabras y sus acciones. En el evangelio de hoy (Marcos 10,35-45) se nos cuenta que dos de ellos se acercan a Jesús a pedirle algo. Poco antes, Jesús les había anunciado por tercera vez lo que le espera en la Ciudad Santa: será insultado, condenado a muerte, azotado y matado (vv. 32-34). A pesar de éste tercer anuncio, después de haber escuchado con toda claridad lo que va a suceder, tanto estos dos como los otros diez, siguen esperando que Jesús vaya a Jerusalén, pero con otro objetivo, el de comenzar el «tiempo mesiánico», entendido como un reino en toda lógica humana, de privilegios, de poderes, de clases, de riquezas.

Me llama la atención la actitud de Jesús ante ellos, con paciencia y misericordia los recibe y los acompaña a comprender la revolución de pensamiento que les propone hacer. Les hace una pregunta clave al inicio de su diálogo con ellos: ¿Qué es lo que desean? Pregunta clave para poder cambiarles su mentalidad. Jesús los invita y nos invita a todos a cuestionarnos sobre las intenciones cuando nos acercamos a él, camino a Jerusalén. ¿Por qué te acercas a él?  ¿Por qué deseas hacer camino con él? Finalmente, ¿qué es lo que deseas en tu vida al ser su discípulo? 

Poco a poco, Jesús los va llevando a tomar consciencia de lo que es su Reino y de los valores que él propone. No es fácil, de hecho, todo parece indicar que los discípulos no entienden, y no solo eso, parecen incluso arrogantes. “¡Queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir!”. Parece que estos dos se sintieran con algún derecho, y por encima del resto del grupo para plantear semejante petición. No dicen “por favor”, sino que exigen, como reclamando un derecho. ¡Cuántas veces nos acercamos a Jesús con esta misma actitud, como si nuestra vida cristiana “buena” nos diera derechos ante él! Pero Jesús les muestra paciencia, “no saben lo que piden”, afirma sin desesperar; y los sigue llevando poco a poco. Jesús no pierde el ánimo y los aconseja, tarde o temprano lograrán entrar en esta lógica. La historia nos hace ver que su paciencia no fue inútil, después de la resurrección los encontraremos completamente entregados a su Reino y a su manera tan revolucionaria de vivirlo.

                             

Jesús pues, aprovechando este desplante de los dos discípulos y el enojo de los otros diez, les plantea nuevamente, de manera clara su proyecto de salvación. Define y explica su misión y su vida: “¡No he venido para ser servido, sino para servir! ¡Vine a dar mi vida en rescate de muchos!” Les hace ver que en el camino del seguimiento el servicio es la norma. Por lo tanto, el más grande es quien sirve, quien más sirve a los demás, no quien se ensalza, quien busca el poder, el dinero, la vanidad, el orgullo. En el diálogo con todo el grupo de los discípulos, Jesús invita a asumir su revolución profunda de los valores en la vida: Él ha venido a servir, no a ser servido; Él se ha hecho siervo, el Siervo de Dios y, por eso, es el siervo de sus hermanos, los hombres. Él ha venido a dar su vida para que tengamos una vida nueva en su resurrección. De ahí la invitación a nosotros: para ser los primeros, hay que hacerse los últimos, para ser los más grandes hay que hacerse servidores de los hermanos. Este es el camino del Reino, este es el camino que hay que asumir si queremos ser sus discípulos.

Ciertamente los discípulos son hijos de su tiempo y aspiran como cualquier persona, tienen deseos a partir de lo que ven a su alrededor, pero Jesus los invita a ir mas allá, a poner a Jesús y su Reino al centro de sus deseos. La pregunta es clara: ¿Qué es lo que desean? ¿Sólo lo que todos hacen o, en verdad, sólo lo que Jesús hace y propone? Jesús tiene otra propuesta para ellos, porque están llamados a hacerse al molde de Dios, no al molde de la sociedad, él es el criterio de vida para quienes lo siguen. Les dice nuevamente con toda claridad: “¡Entre vosotros no debe ser así! Quien quiere ser el mayor, sea el servidor de todos.” Enseña en contra de los privilegios y las rivalidades. Quiere cambiar el sistema e insiste en el servicio como remedio contra la ambición personal.

Hermanos y hermanas, nuevamente en este domingo, Jesús nos interpela y nos pide optar por su proyecto. Con paciencia nos acompaña en nuestro proceso de crecimiento en la fe y nos invita a superar los “vientos favorables” de una vida cristiana cómoda y placentera. Nos pide optar por el servicio, por una vida entregada por los demás, por un darse “por la redención de todos”. Que importante en nuestros días de crisis, de pandemia, de conflictos sociales, de luchas de poder, que la luz de los cristianos aparezca y marque nuevos rumbos. “Mantengamos firme la profesión de nuestra fe”, nos dijo San Pablo en la segunda lectura (Heb 4,14-16), nuestra fe en un Dios humilde, servidor, esclavo, que salva al mundo desde el servicio, desde la entrega.

La vida cristiana no conoce más camino que el servicio a las demás personas, el «único» camino, sencillamente porque es el que ha recorrido Jesucristo y el que nos ha enseñado a quienes acogemos su invitación para seguir sus pasos y gozar siempre de su compañía. Que cada uno de nosotros haga realidad lo que una mujer frágil nos enseñó, no con palabras sino con una vida entregada al servicio, al vivo ejemplo de Jesús: «El fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio, el fruto del servicio es la paz». Santa Teresa de Calcuta.

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