
Tomó en brazos a los niños y los bendijo
Estimados hermanos y hermanas, antes de entrar en la meditación de los textos bíblicos de este domingo, permítanme invitarlos a vivir este mes con un corazón abierto al mundo entero y a la necesidad de millones de gentes de recibir la Buena Noiticia del Reino de Dios. Comenzamos el mes de las misiones, octubre mes misionero y el papa Francisco nos invita a no callarnos, somos testigos del amor de Dios y eso debe hacer de nosotros cristianos audaces, que anuncian, que proclaman “lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20). Hermanos, “cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído”. (mensaje del Papa Francisco, DOMUND 2021).
Reflexionando sobre las lecturas de este domingo, ellas nos invitan a meditar sobre dos realidades por demás candentes: El tema del matrimonio/divorcio y la actitud de Jesús ante los niños. Dos temas sobre los cuales “no podemos dejar de hablar”, sobre todo ante una sociedad que sigue poniendo a prueba a Jesús y su mensaje del Reino de Dios, o más bien del Reinado de Dios en estas realidades: las relaciones conyugales y el derecho a la vida.
En el evangelio de hoy (Mc 10,2-16) los fariseos plantean a Jesús una ley de Moisés, no con la intención de buscar la verdad sobre el argumento sino “para ponerlo a prueba”. Poco mas adelante es el turno de los discípulos que “tratan de impedir” que Jesus reciba a los niños. En este contexto de confrontación, de rechazo al plan de Dios, Jesús toma en brazos a los niños y los bendice, les impone las manos y nos instruye sobre el proyecto que Dios nos ofrece a todos. Que importante que tambien nosotros, como cristianos, ante una sociedad que quiere “ponernos a prueba” al hablar del amor conyugal, que quiere “impedir” que los niños alcancen al autor de la vida, que, ante todo esto, nos pongamos a hablar “de lo que hemos oído y visto”, que sigamos proponiendo la vida y la voluntad de Dios. Que importante tomar en brazos a los niños y luchar por la vida.
Llamo la atención sobre tres afirmaciones de la palabra de Dios de este domingo. La primera: “No es bueno que el hombre esté solo” (1ª lectura: Gén 2,18-24). La pandemia nos ha hecho experimentar esta realidad de una manera aún más cruel. El estilo de vida que se nos está proponiendo ha generado en muchos corazones el sentimiento de soledad. Nos hemos llenado de cosas, de objetos, de medios de comunicación incluso, pero, hoy por hoy, la soledad reina en muchos corazones. Se nos ha hecho creer que ser independientes, ser autosuficientes, estar solos... nos hacía más libres, o más fuertes. Pero es un gran engaño. La propuesta de Dios es otra. Hemos sido creados para el otro, para el encuentro, para la entrega mutua, para la comunión. Incluso el mismo Jesús, antes de empezar con su tarea misionera quiso buscarse un «grupo» de compañeros. Y por su parte, San Pablo entendió que la primera consecuencia del mensaje pascual y del amor de Jesucristo... era vivir la fe en comunidad, con otros. Esta es la propuesta de Dios para el hombre de hoy.
Una segunda afirmación tiene que ver con el matrimonio. Jesús afirma con claridad que no es voluntad de Dios que el hombre esté por encima de la mujer, porque fueron creados iguales para formar juntos una nueva realidad, «una sola carne», según la expresión bíblica. De modo que los dos juntos, entregándose, amándose, uniéndose y siendo fecundos... son la imagen de Dios. La propuesta de Dios es que entre el hombre y la mujer se construya un amor a imagen de Dios. Y es que Dios no puede proponernos cosas banales, pequeñas. El proyecto de Jesús, eso que llamamos «Reino» es un ideal, una aspiración profunda del ser humano, y nos llama a aspirar a los «máximos», nos propone decisiones radicales. Basta recordar la invitación a sus discípulos a «dejarlo todo» para seguirle, o la medida del perdón, es decir setenta veces siete. Igualmente, ante la realidad del amor conyugal, Dios nos propone “mirar alto”, por ello, rechaza que el punto de partida de una relación matrimonial sean los intereses egoístas de una de las partes, como lo planteaba la ley de Moisés, o incluso de las dos partes. No se puede vivir el plan de Dios desde “la estrechez del corazón”, desde la “dureza del corazón”. La propuesta de Dios es hacer del matrimonio un acto de fe. Fe, no en el otro, ni en uno mismo, sino en el amor. La Buena Noticia que debemos anunciar es que, viviendo el evangelio de Cristo, es posible para el hombre y la mujer de amar gratuita y libremente, como ama Dios mismo. Es posible un amor que nunca acaba, es posible una relación conyugal “a imagen y semejanza de Dios”. ¡Hemos creído en el amor! Esa es la Buena Noticia que hoy se nos anuncia y que la Iglesia está llamada a predicar. «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído», insisto en la afirmación de este mes misionero. Es verdad que no todo lo ideal se vuelve realidad, de hecho, Jesús no ignora lo difícil de una relación de pareja cuando se vive desde el egoísmo, cuando las relaciones se vuelven “tóxicas” y relaciones así no deben prolongarse. Ciertamente, en situaciones así la comunidad cristiana y la sociedad tienen que buscar soluciones. Todas ellas desde este ideal y desde la visión de Dios que es la misericordia, la superación, en fin, la vida del hombre y la mujer y no su condenación.
Por último, una tercera afirmación: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan”. Ante toda propuesta que nos lleve a “impedir” la vida, que proclame la muerte como solución, aún ante las dificultades más grandes que pudiéramos imaginar, nuestra respuesta deberá ser claramente contraria. Jesús quiere “abrazar” toda vida humana para hacerle experimentar el amor de Dios; nadie puede darse el derecho de impedirle a Jesús este acto. En muchas ciudades de nuestro país, hoy 3 de octubre, los cristianos estarán proclamando el “si” a la vida, porque vale la pena vivir y recibir el amor de Jesús. «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído», insisto en la invitación de este mes misionero. Sigamos haciendo visible esta voluntad de Dios: Jesús “tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos”.

