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2 Enero 2021
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La Palabra

P. Rubén Antonio Macías Sapién

Homilía Dominical: “Vimos surgir su estrella y hemos venido a adorarlo”

Queridos hermanos y hermanas, la liturgia de hoy nos invita a vivir de nuevo la Navidad, hoy desde la perspectiva del Dios que se manifiesta, eso significa “EPIFANÍA”. El 25 de diciembre celebramos la Encarnación del Hijo de Dios, hoy celebramos su manifestación como salvador de todos los pueblos. Me da gusto que la liturgia nos invite a celebrarla hoy domingo y no el 6 de enero; esa fecha la hemos convertido en la fiesta de los Reyes Magos con todo lo que comercialmente implica: regalos, rosca de reyes, fiesta, etc.

En la fiesta de hoy el protagonista nuevamente es Jesús y no lo Reyes Magos; es el hijo de Dios que nos ha nacido y se manifiesta a todos los pueblos, es una fiesta cien por ciento misionera y eso nos colma de alegría a nosotros, Misioneros Xaverianos, a ustedes nuestros amigos que comparten el ideal de la misión que hoy Jesús viene a despertar.

En este día de la «Epifanía del Señor» la liturgia se centra en la revelación de Dios a los que no pertenecen al pueblo judío, a los que no son del pueblo de la Alianza. El profeta Isaías (1ª Lectura: Is 60, 1-6) dice que «los pueblos caminarán a tu luz», san Pablo en la carta a los Efesios (2ª Lectura: Ef 3,2-3.5-6) dice que «los gentiles son coherederos de la misma herencia, miembros del mismo cuerpo y participes de la misma promesa» y en el Evangelio (Mt 2,1-12) son unos Magos de Oriente los que llegaron y «adoraron al niño». Todo ello nos habla de la universalidad de la salvación: Jesús, el Mesías, ha venido para todos los pueblos.

Nos encontramos, hermanos, ante una primera lección de Dios: Él no tiene exclusividad, no permite ser propiedad de nadie. Así lo creía el pueblo judío, desgraciadamente, como si la salvación fuera sólo para ellos, quizá hoy en día aún hay cristianos, católicos o no, que así lo creen. Qué equivocados están. Dios viene a nuestro mundo para salvar a todos los pueblos y a todas las personas. Él es la “Luz” bajo la cual caminarán todos los pueblos, dice la primera lectura. Que importante, hermanos, que seamos conscientes de que Dios ha elegido a «todos», que ha nacido para ser luz para todos los pueblos, que su salvación es universal; tomar consciencia de ello nos ayuda a plantearnos el modo correcto para vivir y testimoniar nuestra fe, desde la apertura, desde el compromiso, desde la misión. Considerar a Jesús como Salvador del mundo condiciona nuestro modo de vivir la fe. En la última Carta que nos ha escrito el Papa Francisco, “Fratelli tutti”, nos explica de mil maneras las consecuencias de esta fe puesta en el niño del pesebre, salvador de todos, sólo en la conciencia de ser todos hijos de un mismo Padre podremos fundar la hermandad que posibilite transformar nuestro mundo. Sólo desde esta conciencia comenzaremos a destruir las fronteras, las barreras que hemos creado equivocadamente y comenzaremos a ser sensibles ante los demás, solidarios y comprometidos ante su mayor “pobreza”, la de no conocer a Jesús, la de no poder descubrirlo ni adorarlo.

La fiesta de hoy pues nos invita a la misión, nos abre a la misión, al adorar a ese niño que nos ha nacido, no podemos más que comprometernos con la misión universal. Para comprender aún mejor esta fiesta en sus repercusiones concretas en nuestra vida espiritual, podemos tomar a los personajes secundarios de la fiesta de hoy, los magos. De ellos quisiera resaltar dos actitudes que nos preparan a la misión: a) El ser capaces de levantar la mirada hacia lo alto, ver más allá de aquello inmediato que llena la vida (ocupaciones, pequeñas cosas de cada día, profesión, apegos, familia,...); y ser capaces de distinguir la luz de Dios entre todas las luces que brillan… b) El poner en su vida una buena dosis de valentía como para ponerse en camino siguiendo esa luz-estrella, confiando en su guía, desprendiéndose de seguridades y costumbres que les atan, y abriéndose a las gentes y pueblos que el camino les ofrece.

Los magos manifiestan esa actitud de “desasimiento”: hay que dejarlo todo para partir en búsqueda del verdadero rey y al encontrarlo, repartir para anunciarlo. Ellos levantan la mirada hacia lo alto y se deshacen de todo, el desasimiento que nos enseñan significa que no consideramos más las cosas como la fuente de nuestras vidas, como la garantía de nuestra seguridad y que, por lo tanto, no nos aferramos a ellas; que ellas no nos poseen a nosotros, ni determinan lo que somos ni lo que anhelamos; que son solo superfluas o secundarias. Ante ellas, libertad y libertad para ir hacia él, encontrarlo, adorarlo y anunciarlo. Segunda cosa pues, los magos representan la aceptación de cualquier riesgo con tal de dar con Jesús. Ellos emprenden el camino y es en el riesgo que implica el caminar que ven la luz, se alegran y la siguen.

En su mensaje de navidad, el Padre General nos decía esta hermosa reflexión, muy a tono con lo que estamos diciendo: “La estrella enciende en los sabios que vinieron de Oriente el deseo de emprender el viaje en busca de la eternidad, encarnado en el niño nacido en Belén. Una vez en camino, es la propia estrella la que los guía, los sostiene, los anima, mostrándoles ir más allá de las dificultades y obstáculos encontrados hasta llegar a la Buena Nueva del amor de Dios por la humanidad: entran, se arrodillan y lo adoran. Luego abren sus bolsas y le ofrecen regalos”.

El misionero está llamado a emprender el camino, a arriesgarlo todo con tal de dar con ese Jesús, y al encontrarlo, adorarlo, darle el tesoro mas grande que es su vida misma para entonces ir y proclamarlo, así como lo hicieron los magos venidos de Oriente.

“Queridos amigos, -cito nuevamente al Padre General-, el principal fruto de la verdadera adoración a Dios es el don diario de uno mismo, poniéndose íntegramente y con gran alegría a su servicio. Deseo expresarles a cada uno de ustedes lo mejor de un feliz Año Nuevo 2021. Juntos, con cordialidad, generosidad y gratitud a Dios, dejémonos guiar día a día por la estrella divina, llevando a cabo su proyecto de amor por todos nosotros: ¡Hacer del mundo una sola familia!”

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