Skip to main content
26 Diciembre 2020
699 vistas

La Palabra

P. Rubén Antonio Macías Sapién

Homilía Dominical: Fiesta de la Sagrada Familia

Proclamemos el Evangelio de la Familia

Queridos hermano y hermanas, hace unos días los ángeles nos proclamaban una Buena Noticia: “les ha nacido un salvador”. Esta noticia nos ha llenado de suma alegría y esperanza, todo se ha convertido en fiesta y gozo, a pesar de los tiempos difíciles que estamos viviendo. Hoy nuevamente estamos llamados a escuchar una Buena Noticia, o mas bien, estamos llamados a reconocer que esta Buena Noticia es posible porque hay una familia que la acoge. De hecho, hoy estamos llamados a proclamar el Evangelio de la Familia. ¡Qué importante ha de ser la familia a los ojos de Dios cuando lo primero que procura para su Hijo es una familia!

Así es hermanos, hoy más que nunca podemos reconocer la sabiduría de Dios que confía su hijo a una familia para realizar su plan de salvación. Lo podemos entender sobre todo en este tiempo de pandemia, donde sentimos tanto la necesidad de salvación ante la agresividad de este virus y de la crisis que ha desatado y al mismo tiempo hemos sentido la urgencia de “refugiarnos en casa” para poder enfrentarlo. El tiempo de pandemia ha replegado a las personas a permanecer en casa. Los templos, lugares de reunión para celebrar la fe, han quedado vacíos pero muchas familias han recuperado su misión de ser verdaderos templos, lugares de encuentro con Dios, escuelas de amor y de fe.

Y esto no es nuevo, recordemos que las primeras comunidades cristianas nacieron en los hogares de los conversos. Fueron estas familias quienes se convirtieron en centros de evangelización, de anuncio de la buena nueva. Lugares en los que a los cristianos los reconocían por la forma en cómo se amaban. Su vida comunicaba esperanza y no había necesidad del templo para evangelizar. ¿Será posible que las familias de hoy se vuelvan a convertir en lugares donde se dé testimonio del amor de Dios? Ciertamente es posible y esta es la invitación de la Palabra de Dios hoy. Al ejemplo de Abraham (1ª Lectura: Gen 15,1-6;21,1-3) estamos llamados a reincorporar la fe en la promesa de Dios dentro de nuestras familias; a creer que la base de nuestras relaciones es la presencia del Dios amor que las condiciona y guía. “Por su fe”, Abraham (2ª Lectura: Heb 11,8.11-12;17-19) pudo ser padre de todo un pueblo, a pesar de tener todo en contra, incluso pudo superar todas las pruebas, por su fe. ¡Que importante es nuevamente hacer de nuestras familias una escuela de fe! Lugar donde se educa, se forma y se vive la fe. El mensaje que proviene de la Sagrada Familia es sobre todo un mensaje de fe. En la vida familiar de María y José Dios está verdaderamente al centro, y lo está en la persona de Jesús. Por esto, la familia de Nazaret es santa: porque está centrada en Jesús. Cuando los padres y los hijos respiran juntos este clima de fe, poseen una energía que permite a ellos afrontar pruebas también difíciles, como muestra la experiencia de la Sagrada Familia, por ejemplo, en el evento dramático de la huida a Egipto.

La familia es también y sobre todo escuela de amor, lugar donde “el niño iba creciendo, fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él”. La verdadera familia, especialmente la familia cristiana, se debe basar en el amor. Un amor que manifiesta la relación de Dios con los hombres, y de los hombres con Dios. Sólo así seremos verdaderos reflejos del Amor de Dios en el mundo. El papa Francisco nos ha llamado a ser una Iglesia de salida, una Iglesia cercana a la gente. Y, en este contexto, la Iglesia doméstica, la familia, está llamada a eso. Su exhortación apostólica sobre el amor en la familia, Amoris Laetitia, es clara y contundente. Nos recuerda esos signos visibles y observables de la presencia del amor de Dios. Amar en familia es ser Iglesia que acoge a Dios: La tolerancia, el servicio, el perdón, el diálogo, la paciencia, la comprensión y el no tener envidias, son signos visibles del amor de Dios entre los seres humanos que, vividos en familia, se convierten en clases magistrales de la primera y más importante escuela de vida cristiana: la familia.

Queridos hermanos y hermanas, que el confinamiento no nos quite la esperanza ni mucho menos la alegría, es Navidad, es tiempo de Buenas Noticias, la Familia es y debe ser, para estos tiempos de pandemia y post pandemia, una Buena Noticia. Veamos la gran oportunidad que tenemos hoy de poder crecer espiritualmente en el encuentro con aquellos con quienes compartimos en el hogar. Este es un llamado para todos; nuestros hogares no son “lugares de confinamiento” sino verdaderas escuelas de vida, donde Dios nos espera, donde el Dios que nos ha nacido quiere empezar a cumplir su gran proyecto de salvación para esta humanidad martirizada por la pandemia y sus secuelas.

¡Feliz fiesta de la Sagrada Familia, la de Nazareth y la de tu hogar!

¿Te ha gustado este artículo?
¡Compártelo!