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19 Diciembre 2020
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La Palabra

P. Rubén Antonio Macías Sapién

Homilía Dominical: "Cúmplase en mí lo que me has dicho"

4º Domingo de Adviento B

Cúmplase en mí lo que me has dicho

Queridos hermanos y hermanas, este último domingo de adviento la liturgia nos invita a concentrar nuestra atención en María y su respuesta gozosa al proyecto de Dios. Entre estupor y asombro, Maria fue capaz de dar su respuesta afirmativa al plan salvífico de Dios. Porque la Navidad es el cumplimiento de la promesa de Dios a los hombres, una promesa que no puede cumplirse sin la colaboración de los mismos hombres. Hoy, el ejemplo de Maria se nos brinda como una ocasión propicia para prepararnos al gran misterio navideño dejándonos impregnar de sus sentimientos, a la vez que acogiendo resuelta y confiadamente, como ella, la llamada a colaborar en el designio amoroso de Dios sobre nuestras vidas

Hermanos, quizá nos hemos acostumbrado a hablar del Dios “todopoderoso”, y quizá en tiempos tan dramáticos como el que estamos viviendo quisiéramos que finalmente irrumpiera en nuestra historia y nos salvara con un golpe de magia. Pero el texto evangélico de hoy nos invita a descubrir mas bien a un “Dios todo-necesitado”, un Dios que viene a implorar, a pedir, a solicitar ayuda; en el evangelio de hoy (Lc 1,26-38) se presenta humildemente -por medio de un Mensajero- necesitado, y pidiendo permiso y colaboración ¡a una mujer, perfectamente desconocida hasta ese momento, y nadie importante! 

Así es hermanos, la navidad no es el nacimiento de un Dios todopoderoso, sino de un Dios todo-necesitado de nuestra colaboración para salvar este mundo. En la noche de Navidad, en una cueva, se presentará totalmente necesitado de todo, como niño pequeño y como niño pobre y frágil.  Poco «todopoderoso» parece el niño de Belén.  A no ser que pensemos en el enorme «poder» del Amor que en Belén se manifiesta de forma radiante. Y esa es la invitación, a descubrir el poder del amor que ese niño viene a solicitarnos. Porque el amor se vive y se concretiza en la apertura al otro. María lo entendió y se mostró disponible, se abrió a la “necesidad” de Dios y le ofreció toda su disponibilidad: “Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho”. María escucha a Dios en la voz del «enviado» y en su santuario interior siente «la fuerza de Dios» que la ayuda a disipar dudas y temores, y se entrega, se dispone a ayudar y ofrece su vida al proyecto revelado por el Angel. Por eso, María, visitada por Dios, le responde: «Hágase en mí tu plan». Es decir: «Te dejo entrar en mi vida y que dispongas de ella». Ella seguirá siendo «esclava», «pequeña», «del Señor». Y Dios acepta habitarla, inundarla, llenarla de gracias, de novedad, de Vida, de Verbo, de lo mejor de sí mismo: su Hijo. Dios está con ella. Como está contigo. Y todos los planes de María ahora se transforman en el plan de «lo que Dios quiera», un plan que tendrá que ir descubriendo en sus detalles poco a poco, pero en los cuales estará siempre dispuesta y colaborando. Será una aventura. No está todo resuelto. Habrá dificultades y desconciertos. Pero «No tengas miedo». Dios no la dejará sola mientras siga siendo la «esclava del Señor».

Hermanos, he ahí el camino a seguir para vivir nuestra navidad. Recodemos lo que nos decía San Agustín: “Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti”. La esperanza que la navidad nos trae en Jesús incluye nuestra respuesta libre. Dios no nos considera sólo objetos de su actuar sino también auténticos sujetos o protagonistas de nuestra Salvación. Hoy, como ayer, Dios necesita de mí para sus planes de salvación. Hoy, como ayer, sigue enviando sus ángeles. Hoy, como ayer, necesita personas decididas y confiadas. Algo se quedaría sin hacer si no le das tu «sí» a Dios. Sin tu «sí» se hace mucho más difícil la Navidad.

Descubrir la necesidad que Dios tiene de mí, de ti, como la tuvo de María debe provocar en nosotros alegría: “Alégrate, llena de gracia, le dice el ángel a María y me lo dice a mí hoy, a ti, a cada uno de nosotros. ¡Yo estoy en los planes de Dios! Yo estoy en el plan de salvación de Dios, formo parte (o puedo formar parte) de su proyecto. Yo, que no soy nadie importante, y ando metido en mis cosas cotidianas, a veces un poco perdido por ahí, resulta que el Señor también ha puesto en mí sus ojos amantes... Primero me quiere desde siempre, y me ha llenado de gracia. Y luego Dios tiene necesidad de mí, si yo quiero, si me dejo, si. ¡¡Increíble!! ¡Asombroso! ¡Inesperado!

María dijo una respuesta simple pero llena de compromiso: “Yo soy la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho”. ¿Cuál es tu respuesta? Ante el Dios que te visita y te pide tu colaboración, ¿Qué le dirás?

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