
Homilía Dominical: “Permanezcan alerta”
1º Domingo de Adviento, Ciclo B
“Permanezcan alerta”
Queridos hermanos, el tiempo de adviento ha llegado, y con su llegada, nuevamente se nos renueva la invitación a la alegría. Como bien nos insiste el Papa Francisco, cuando se nos anuncia una Buena Nueva, la alegría inunda los corazones de quienes la escuchan; así es, no es posible anunciar el Evangelio sino es desde el gozo y la alegría porque Jesús es la Buena Noticia. La alegría es quizá, junto a la esperanza, la clave del tiempo de Adviento, que iniciamos hoy, ya que nos preparamos para recibir al Salvador del mundo, nos preparamos a “vivir cielos nuevos y tierras nuevas”.
Ademas de la alegría, las lecturas de hoy nos invitan a la vigilancia, “velen y estén preparados… permanezcan alerta”, nos dice el evangelio de hoy (Mc 13,533-37). El evangelio que hemos escuchado nos exhorta a estar siempre vigilantes y haciendo “lo que debemos hacer”, porque no sabemos cuándo va a ocurrir el encuentro definitivo con el Señor de la gloria. Para dejar claro que siempre hay que estar preparado, Jesús cuenta una pequeña parábola que recuerda los cuatro momentos en que se divide el día y en los que el gallo canta: el amanecer, el mediodía, la media tarde y la mitad de la noche. Con ello, nos recuerda que siempre hay que estar preparados, no sólo porque el Señor de la gloria puede venir en cualquier momento, sino porque siempre está viniendo a nuestras vidas, y el creyente tiene mucho interés en descubrir esa permanente venida.
El Adviento nos invita a tomar conciencia de esta verdad y a actuar de acuerdo con ella. Porque Dios es "el Emmanuel" y está continuamente viniendo a nosotros. Vino ayer, VIENE HOY y vendrá mañana (este es el sentido del Adviento). No estamos abandonados en nuestro mundo gris. En cualquier momento, llama a nuestra puerta. Pero si estamos dormidos, no lo escucharemos; si salimos huyendo, si andamos en otras cosas (desquiciados, deshumanizados, ideologizados, descontrolados, polarizados...), no podrá encontrarnos. Sólo quien está en vela, puede descubrirle, solo quien está activo en las cosas del Reino, puede descubrirle.
Quisiera insistir sobre esta realidad a vivir durante el adviento, la realidad de un Dios que siempre esta viniendo a nuestras vidas. ¡Dios viene! Esta breve exclamación la escucharemos a lo largo de todo este tiempo de Adviento. ¡Dios viene! Se trata de una acción siempre en marcha; está ocurriendo, ocurre ahora y seguirá ocurriendo conforme trascurra el tiempo. En todo momento, “Dios viene”: en cada instante de la historia, de mi historia, de tu historia, sigue diciendo el Señor: «mi Padre no deja de trabajar, y yo también trabajo» (Jn 5,17).
Me llama la atención el contexto de la parábola que hoy Jesus cita; es el de un hombre que sale de viaje, que encomienda a los suyos a hacer “lo que cada uno debe hacer” y se va esperando que a su regreso lo estén haciendo. Hermanos, el “Emmanuel” que esperamos no es un desconocido, alguien que viene sin haber estado antes con nosotros, no, para nada. Es el mismo que amábamos, al que servíamos y que estaba dando y da tanto sentido a nuestra vida. El tiempo de adviento es el tiempo de su ausencia, que no implica dejar de trabajar, de hacer su voluntad, sino de permanecer en su voluntad, en hacerla convencidos que ese es el camino justo y que al regresar es importante que nos encuentre haciéndolo, por ello nos pide de permanecer, de continuar. El tiempo de adviento nos recuerda nuestra misión como cristianos en este mundo, porque es a través del cumplimiento de esta misión que lograremos que su llegada sea Buena Noticia para el mundo.
El tiempo del adviento pues es una oportunidad para luchar por la justicia, para amar sin condiciones, para otorgar misericordia a quien lo necesite, consuelo a quien sufre, para “mantener la casa común” en buen estado y a los hermanos en gracia. El tiempo de adviento no es tiempo para dormir, como cristianos, sino para actuar según la voluntad de aquel que está por venir. ¡Ven Señor Jesús! Es y será nuestro deseo máximo en este tiempo de adviento, un deseo que se transforma en acción, en trabajo por la justicia y por la paz, por un mundo justo, fraterno, solidario, porque es así como a su regreso, todo se convertirá en alegría y en fiesta. ¡Ven Señor Jesús, te recibimos gozosos de trabajar por tu Reino!
El profeta Isaías, en la primera lectura (Is 63,16-17; 64,2-7), ha dicho claramente que Dios sale al encuentro del que practica la justicia. Y el Apóstol Pablo, en la segunda lectura (1 Cor 1,3-9), nos dice a nosotros, que aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que importa mucho salir bien parados cuando tengamos que presentarnos ante el tribunal de Jesucristo. Para salir bien parados nada mejor que encontrar hoy al Señor presente ya en nuestras vidas y en cada uno de los hermanos que se aproximan a nosotros, sobre todo en los desvalidos, en los pobres, en los privilegiados del Reino. "Afortunado será este servidor si, al venir su señor, lo encuentra cumpliendo su deber." (Mt 24,46)
¡Buen tiempo de Adviento!

