
Homilía Dominical: ¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!
XXXII Domingo Ordinario “A”
Queridos hermanos y hermanas, la liturgia de este domingo nos propone reflexionar sobre un tema fundamental de la espiritualidad cristiana: nuestra espera vigilante, atenta y comprometida de un Dios que hace irrupción en nuestra historia.
El esposo (Dios) está por llegar y nosotros estamos llamados a salir a su encuentro para hacer posible la fiesta nupcial, la alianza, la alegría y la vida (Salvación). En la parábola hay una realidad central: el esposo que está por llegar, y su llegada significa el inicio de la fiesta, de la alegría, de la luz que irrumpe en la oscuridad de esa noche. Ese esposo es Jesucristo y su mensaje de salvación que irrumpe en nuestra historia. Nosotros, los cristianos, tenemos una función importante para que la boda se realice, somos portadores de esas lámparas, de esa luz que hará “visible” al esposo que llega en medio de la noche, nuestras lámparas transformaran ese lugar oscuro, en un lugar luminoso para que se realice la fiesta, la alianza nupcial. Es por eso tan importante que estemos listos, con nuestras lámparas preparadas.
Las diez jóvenes del Evangelio representan dos actitudes fundamentales ante el acontecimiento central de la historia, que es el encuentro con el esposo: la actitud de las insensatas y la de las prudentes. Nuestra vocación cristiana es ir continuamente al encuentro del esposo Jesucristo, hacerlo presente en el día a día de nuestra historia. Nosotros, los bautizados, estamos comprometidos en el trabajo por el Reino de Dios, para hacer de este mundo, “un mundo de libertad, de justicia, de amor y de paz, para mantener así la esperanza de todos”. Se espera de nosotros una actitud comprometida, una respuesta digna de un seguidor de Jesús ante las distintas experiencias de la vida en las cuales Dios quiere entrar como el esposo que trae vida, y nosotros, que oramos siempre “venga a nosotros tu Reino”, lo debemos hacer posible.
Ante esta vocación y su importancia para la historia de la humanidad, no podemos permanecer continuamente “distraídos”, pensando que tardará en llegar, o incluso siendo superficiales, imprudentes, indolentes. Nuestras lámparas deben estar listas, encendidas. El esposo puede tardar, su llegada es impredecible, pero eso no justifica nuestra distracción. La respuesta del esposo es cruel, fuerte, dramática: al cerrarse la puerta no hay otra respuesta que esta: “Yo les aseguro que no las conozco”. No hay que esperar al último minuto para ir a recargar nuestras lámparas de aceite. Con esta parábola se nos está invitando a ser constantes en nuestra vida de fe, pues en cualquier momento se puede producir su llamada. La vida de fe es algo permanente en las personas, no es algo para dos días sí, y dos no; no es intermitente. Cuando hemos tenido experiencia del Dios que ha venido a compartir nuestras vidas, el Dios-con-nosotros, se traduce en algo definitivo. ¡Es necesario poner atención en la visita actual del Señor! El Dios de cada día, que llega a todo momento. El momento actual es el momento menos pensado para esa visita tan añorada.
En el día de hoy, se nos invita a abrir los ojos y reconocer a Dios en los acontecimientos vividos. Esto requiere el estar vigilantes, tener encendida nuestra lámpara, en el aquí y ahora, en nuestra familia, en la comunidad, en nuestro pueblo o ciudad, en nuestro país, a través de los distintos hechos vividos, sean dolorosos o felices…, a través de esto que llamamos vida. En ella se manifiesta Dios, y nos pide una respuesta evangélica.
Hermanos y hermanas, no dejen que nunca se apague la lámpara de la fe, porque cualquier momento puede ser el último. El Reino está ya aquí. Enciendan las lámparas con el aceite de la fe, de la fraternidad y de la caridad mutua. Nuestros corazones, llenos de luz, nos permitirán vivir la auténtica alegría aquí y ahora, la alegría de encontrarnos con el esposo. Además, los que viven a nuestro alrededor se verán también iluminados y conocerán el gozo de la presencia del Novio esperado. Jesús nos pide que nunca nos falte ese aceite en nuestras lámparas.
Vayamos pues, tomemos nuestras lámparas y vayamos al encuentro del esposo que ya viene.

