Llega Navidad y las familias comienzan a colocar sus decoraciones en el interior y exterior de sus casas; los centros comerciales se abarrotan de gente que, anticipadamente, empieza a comprar los regalos para el intercambio. Los anuncios en los medios digitales promocionan una Navidad de encuentro, de familia, de felicidad y alegría, y muchos preparan el pesebre en sus hogares para recibir el nacimiento del Niño Jesús.
Pero ¿qué pasa con aquellas familias que están viviendo un duelo? ¿O con quienes celebrarán la primera Navidad sin un ser querido? ¿O con aquellas que la pasarán en un hospital, cuidando a un enfermo o incluso postradas en una cama? ¿Para ellos será también Feliz Navidad?
Aun en medio de las lágrimas, del silencio, del dolor, del miedo y de la incertidumbre, ahí también nace Jesús. Ese Jesús que nace en la humildad del pesebre viene a traer luz y esperanza en medio de la desolación. Es un Jesús que nos recuerda que el verdadero amor de Dios está en medio de nosotros:
“Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo.” (Mt 28,20).
Perder a un familiar tan querido duele, y duele mucho. Pero el nacimiento de Jesús nos recuerda que la muerte no tiene la última palabra, que es paso a una vida nueva y eterna. Quien cree en Dios y ha puesto su confianza en Él puede descubrir cómo esas lágrimas y ese dolor se transforman en esperanza. Jesús lo ha dicho en las bienaventuranzas: “Bienaventurados los que lloran porque ellos serán consolados.” (Mt 5,4).
En ese pesebre está el consuelo, está esa luz que ilumina nuestra oscuridad, como lo mencionaba el profeta Isaías: “Yahvé será tu luz eterna, tu Dios te servirá de esplendor.” (Is 60, 19).
Permítete llorar, permite vivir tu duelo. Pero también déjate refugiar en Dios, en ese Dios que te ayuda a cargar tu cruz. Que en la oración puedas sentir el consuelo, el abrazo y la ternura de ese Dios que te ama, que te llama, que te busca y que está ahí para ti. Y que, aún en medio de las heridas y del dolor, puedas sentir el nacimiento de esa luz que viene a abrazarte y a recordarte que, incluso en la oscuridad, siempre hay una claridad capaz de iluminar tu caminar.
Entonces, y solo entonces, ya no será una Navidad triste, si no una Navidad que te recuerda que, si crees siempre existirá la esperanza que te ayudará en medio de la tribulación. Y que ese Jesús que esta por nacer pueda decirte al oído: ¡Feliz Navidad! Este mensaje también es para que aunque no estés pasando por alguna dificultad, ese Jesús que nace te llame a acompañar a aquel que lo necesita como signo de su esperanza y de su amor.



