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P. Rafael Aguilar Flores sx

Entre más grande, más humilde

El libro del Eclesiástico, luego del discurso sobre honrar a nuestros padres, nos regala este enorme consejo para la vida “hazte tanto más pequeño cuanto más grande seas” (Eclo 3, 18), obviamente tiene todo que ver con la humildad cuya etimología primera es humus “tierra”.

Precisamente, en el libro del Génesis, Dios Creador modeló al ser humano con tierra (Gn 2, 1) que es la característica que lo diferencia con la divinidad, dejando ver claramente que materialmente es finito.

Cuando perdemos los pies de la tierra, nos elevamos a la soberbia y ocupamos el lugar de Dios, no dejamos espacio ni para Él ni para los demás. Entonces, nuestros deseos de servir se esfuman y buscamos ser servidos, nuestro interés por los demás desaparece y buscamos que se interesen solo en nosotros.

Aunque el ser humano es cambiante, siempre volvemos al primer pecado, a la soberbia, que nos engaña a pensar que somos omnipotentes y no necesitamos de Dios (Gn 3). Sin embargo, Jesús nos enseña que hay que buscar los últimos lugares (Lc 14, 10), que hay que dar sin esperar nada a cambio (Lc 14, 14) y hay que vivir siendo mansos y humildes de corazón (Mt 11, 29).

Esa es la clave para cambiar el mundo, nuestro mundo, recordar que somos seres humanos y, aunque no queramos, necesitamos de Dios. Podemos aceptar su invitación a ser servidores, a ser misioneros, hacernos pequeños cuando somos más importantes, para así ser engrandecidos por Él.