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P. Rafael Aguilar Flores sx

Los últimos serán los primeros

Es común escuchar, casi como un refrán, esta frase del Evangelio de San Lucas "los últimos serán los primeros, y los primeros serán los últimos" (Lc 13, 30), la repiten nuestras abuelitas y hasta los niños formados en las tortillas, como para darse esperanza y alimentar la paciencia. Sin embargo, es importante considerar que esta frase es consecutiva a una profecía misionera que promete la apertura del Reino a todas las naciones de la tierra (del oriente, del poniente, del norte y del sur) que vendrán a participar en la mesa del Reino de Dios  (Lc 13, 29).

Y todavía antes, Jesús, respondiendo a la pregunta sobre si son pocos los que salvan, invita a esforzarse en entrar por la puerta estrecha (Lc 13, 24). Esta recomendación tiene mucha relación con la exigencia de hacerse último, pues se refiere a tener la capacidad de hacerse pequeño, humilde y sencillo como Jesús. El que es pequeño en el Reino de los cielos, tiene la medida para poder entrar en la puerta pequeña y así ser engrandecido por Dios.

El profeta Isaías ya había anunciado esta congregación de todos los pueblos y el mandato misionero para proclamar la gloria de Dios a todas las naciones (Is 66, 18-19). Abriendo así una puerta de esperanza a todos aquellos que no conocían el nombre del Señor, ofreciéndoles la posibilidad de convertirse en predicadores de los mismos israelitas, escogiendo de entre ellos nuevos sacerdotes y levitas  (Is 66, 21).

Esta es la mejor señal del cielo nuevo y la tierra nueva, donde la pertenencia al Reino no se da por haber nacido en una religión, sino en el compromiso de reconocerse hijo de Dios, hermano de los hombres, misionero del amor. No basta con cumplir la Ley por la ley, todos los días hay que esforzarnos en entrar por la puerta angosta haciéndonos chiquitos ante Dios y ante el prójimo, para ser enaltecidos y llegar a ser los primeros en el Reino de los cielos.