Los seguidores de Jesús, al verlo tan entregado a Dios Padre solicitan que les enseñe a orar como un maestro debe enseñar a sus discípulos. Jesús, con paciencia, les enseña el Padre Nuestro y usando su especial pedagogía toca su corazón con una historia (Lc 11, 1-13).
Jesús nos comparte la misma cercanía y familiaridad que Él tiene con Dios Padre, para llamarlo Papá, para pedirle todo lo que necesitamos y comprometernos a ser como Él perdonando y amando a los que nos ofenden.
Dios es más que un amigo, es un Papá al que podemos pedir, buscar y llamar cuando más lo requerimos. Un Papá nunca se olvida de sus hijos y cuanto más insistimos más muestra su amor hacia nosotros.
Dios no ha querido quedarse lejos sino muy cercano a los que le llamamos Padre, a los que ponemos nuestra confianza en Él. Así que, si tú estás buscando, toca insistentemente su puerta y Él te abrirá para ofrecerte lo que necesitas, pues ¿qué Padre no se apiada de sus hijos?