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P. Alberto M. Reyes

Jornada Mundial por las Vocaciones: Escuchar la voz de Dios

Cada IV domingo de Pascua, fiesta de Jesús el Buen Pastor, nuestra Iglesia nos invita a orar por las vocaciones, sacerdotales, misioneras y laicales. Nadie debe sentirse excluido de la misión de la Iglesia de anunciar el Evangelio a toda creatura, es una responsabilidad de todo bautizado.

Nos dice el Papa Francisco “junto con todos los hombres y mujeres de buena voluntad queremos contribuir a edificar la familia humana, a curar sus heridas y a proyectarla hacia un futuro mejor”. En efecto, san Guido María Conforti exhortaba a sus misioneros a “hacer del mundo una sola familia”. Ese es el objetivo de la misión de la Iglesia, todas las vocaciones deben tender a eso.

Para descubrir nuestra vocación hay que dejarse mirar por Dios. Miguel Ángel Buonarroti decía “todo bloque de piedra tiene en su interior una estatua y la tarea del escultor es descubrirla”. De ahí el Papa nos dice: “si la mirada del artista puede ser así, cuánto más lo será la mirada de Dios: en aquella joven de Nazaret vio a la Madre de Dios; en el pescador Simón, vio a Pedro, la roca sobre la que edificaría su Iglesia; en el publicano Leví reconoció al apóstol y evangelista Mateo; en Saulo, duro perseguidor de los cristianos, vio a Pablo, el apóstol de los gentiles. Su mirada de amor siempre nos alcanza, nos conmueve, nos libera y nos transforma, haciéndonos personas nuevas”.

Todos somos mirados amorosamente por Dios porque él sabe lo que hay en nosotros. Es necesario escuchar su voz. Muchos preguntan y ¿cómo escucho la voz de Dios? ¿Cómo sé que me llama a ser sacerdote o misionero o misionera? La voz de Dios no viene del cielo, Dios usa la voz de las personas que nos rodean; cuando la mamá o la abuelita te dice “hijo o hija tu puedes ir al seminario o al convento”, esa es la voz de Dios, esa es la mirada del artista que ve en la piedra una estatua; esta voz puede venir también del o de la catequista, del sacerdote de tu parroquia, etc. Dios siempre llama, de nosotros de pende responder. No hay que esperar a que Dios nos hable directamente, hay que arriesgarse y en ese riesgo está la belleza de la vocación, es Dios quien moldea, como el escultor lo hace con la piedra hasta crear una obra maestra.

Recemos pues para que haya muchas vocaciones en nuestra Iglesia. Pidamos al Espíritu Santo para que ilumine a los jóvenes a discernir su vocación y que cada uno encuentre su lugar y dé lo mejor de sí mismo en este gran designio de Dios.