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Justin B. Mihigo, sx

Padre Rolando, un misionero convencido, alegre y de gran corazón

El Señor quiso que, al inicio de mi  formación en la familia xaveriana, mi camino se cruzara con el del Padre Rolando Trevisan. Cuando supe que él pasó a la casa del Padre el 2 de mayo de  2022, con tristeza y esperanza, reviví la maravillosa experiencia misionera de base que viví con él en mi proceso de formación, especialmente en la propedéutica.

El padre Rolando fue mi acompañador espiritual. Recuerdo que muchas veces iba al  acompañamiento espiritual desanimado y confundido, pero regresaba  sonriente y contento. ¡Cuántas veces me comprendió sin siquiera escucharme! ¡Cuántas veces lo vi rezar los oficios y los rosarios horas y horas solo en la capilla de la propedéutica! 

Siempre nos preguntaba, ¿dónde está Jesucristo, misionero del Padre? Nuestra respuesta a esta pregunta fue, “Jesucristo está en el cielo”. Su reacción entusiasta fue,  “ustedes son " païens", que significa "paganos". Nos decía que Jesús está en el corazón de cada uno de nosotros. Para el Padre Rolando, Jesucristo no es cualquiera, sino es Alguien Mayúsculo no lejano a nosotros sino un Amigo cercano. Su objetivo era que los futuros misioneros tuvieran una experiencia personal con persona de Cristo, misionero del Padre.

justin y Rolando copy

Nos decía en broma que un joven insensible a este  amor de Cristo (corazón frío) no sirve para la misión. Su pasión era formar futuros misioneros convencidos, mordidos por Cristo (misionnaires mordus par le Christ) como le encantaba decir. Con el MAGIS MAGISQUE de Francisco Xavier, nos inculcó el celo por la misión ad agentes, ad extra y ad vitam. Siempre nos invitó a ver más allá. La base de su espiritualidad era la persona de Cristo (espiritualidad cristocéntrica). Le gustaba cantar una canción: “Merveille, Dieu nous aime” (que significa “Maravilloso, Dios nos ama”) antes de cada encuentro de formación.

El Padre Rolando fue un misionero apasionado, alegre y un hombre de fe. Cuánto sufrimiento tuvo cuando la región xaveriana de la República Democrática del Congo le pidió que regresara a Italia para continuar con su tratamiento médico. En las  despedidas (2014), yo ya estudiaba la filosofía pero fui con toda la comunidad a despedirnos de él en la propedéutica de Panzi. En esa ocasión, nos dijo que la juventud era su fuerza y ​​lo que lo hacía vivir y nos dijo que volveríamos  a vernos muy pronto.

            A pesar de la distancia, el padre Rolando nunca me olvidó. Tuvimos que comunicarnos por correo y me gustaría compartirles el último correo que me envió antes de mi primera profesión religiosa en junio de 2018:

Mi querido Justin.

Ahora sé que estas en los ejercicios espirituales, para prepararte a hacer tu primera profesión religiosa para la misión, en el día de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Me imagino los latidos de tu corazón. De rodillas, te acompaño.

¿Comprometerse con el Señor?  ¡ Qué maravilloso !

Pronuncia tu promesa con  todo tu corazón, con una sonrisa diciendo: "Señor, te pertenezco, con un corazón lleno de alegría y para toda la vida".

Te acompaño, con mis oraciones, mi grande bendición y toda mi afección.

Me gustaría estar presente. P. Rolando le Petit.

Cuando estuve de paso en Parma, Italia, en 2018 antes de venir a México, lo encontré sonriendo en su silla de ruedas en la Casa Madre. Después de reconocerme y saludarnos,  me dijo que pasaba el día en la casa Madre, pero en las noches, en sus sueños  estaba en Bukavu- Panzi en la República Democrática del Congo. A pesar de que nunca regresó, su corazón se quedó en su tierra de misión.

            El padre Rolando fue un misionero incansable, a pesar del sufrimiento y el peso de la edad, nunca perdió la sonrisa y la alegría. Su misión en la fragilidad fue diversa: visita a otros misioneros xaverianos ancianos, confesiones en el santuario de la Casa Madre, oración... Un día me invitó a rezar un rosario con sus compañeros. Después del Rosario, le pregunté cómo se sentía en su silla de ruedas. Me dijo que el dolor estaba en sus pies y no en su corazón. Es cierto, un corazón habitado por Cristo no puede permitir que el desánimo lo ocup. Rolando se hacía llamar  “petit”, que significa pequeño, pues era un hombre chaparrito, pero de un gran corazón que  experimentó la dulzura, la paz y sobre todo el amor infinito de Dios en su vida misionera.

Finalmente me despedí de él antes de venir a México y le dije que la teología me estaba esperando, pero él me dijo que no solo la teología me estaba esperando, sino lo más  importante, que Cristo me estaba esperando allí. Me dio muchos consejos que me siguen guiando en este camino de "Sequela Cristi".

Qué Descanse en paz y que reciba el premio del servidor bueno y fiel. Nos volveremos a encontrar y compartiremos la misma alegría con Jesucristo, el misionero del Padre. Así es mi esperanza. Amén.