El "miércoles de ceniza" marca el inicio del tiempo de Cuaresma, la ceniza que recibimos en la frente o sobre nuestra cabeza está hecha con los restos de las palmas que fueron bendecidas el Domingo de Ramos y nos recuerda que somos humus (barro) para reconocer que necesitamos de Dios. Es un signo lleno de humildad que nos sitúa en nuestra realidad humana y nos ayuda a firmar un compromiso de reconciliación con Dios y con nuestros hermanos.
La Cuaresma es un tiempo de cuarenta días en preparación para la celebración de la Pascua. Es un tiempo de conversión para dejar de hacer el mal y decidirnos a hacer el bien. Es un tiempo de oración intensa y profunda para hacernos capaces de ver las necesidades de los demás e interceder ante Dios por tantas situaciones de pobreza y sufrimiento. Es un tiempo de reflexión para meditar la Palabra de Dios y conectarla con nuestra vida. Es un tiempo de perdón y reconciliación para reparar nuestras historias rotas y nuestras grietas abiertas en la relación con Dios y con los que nos rodean. Es un tiempo de solidaridad para practicar las obras de misericordia como acciones reales puestas al servicio de los demás.
Durante el tiempo de cuaresma recordamos que Dios es un Papá paciente que advierte, guía, aconseja y acompaña en el camino del bien. Por ello nos invita a renovar nuestra relación con Él, a reconocerlo como Padre y aceptar su mensaje para cambiar y ser mejores seres humanos, para asemejarnos más a Él en el amor y comprensión hacia los demás.
Esta cuaresma renovemos nuestra vida espiritual emprendiendo un camino diferente, donde lo más importante sea nuestro crecimiento como seres humanos capaces de dar amor a nosotros mismos y a los demás. Realicemos un pequeño programa que nos sirva de apoyo partiendo de las cosas sencillas como sonreír, saludar, agradecer, decir te quiero y reconocer las cosas positivas de los que nos rodean. Dejémonos transformar para que nuestra vida comience a mejorar. ¡Ánimo y Buen Camino!