El Papa Francisco en su mensaje para esta jornada nos invita a cuidar a los enfermos. Recordemos que esto es un acto de caridad que todo bautizado debe realizar, no es sólo un servicio de los ministros de la Eucaristía.
“La enfermedad forma parte de nuestra experiencia humana. Pero si se vive en aislamiento y en el abandono, si no va acompañada del cuidado y de la compasión, puede llegar a ser inhumana” nos dice el Papa.
Es en la fragilidad que nos damos cuenta que somos iguales, la enfermedad la experimentamos todos y si no nos ponemos en manos de Dios de nada sirve la ciencia médica, pues sólo en Dios está nuestra salud.
Hoy en día se está fomentando la “cultura del descarte”, es decir, dejar de curar al enfermo. Se promueven leyes en todo el mundo para hacer una especie de testamento en el que un individuo pide no ser curado y así aplicar la eutanasia. Se llega a esto por falta de caridad hacia el enfermo, la soledad empuja a tomar decisiones equivocadas, por ello es necesario caminar juntos, ser solidarios a ejemplo del buen samaritano.
Nadie está preparado para la enfermedad, todos tenemos miedo de nuestra fragilidad humana y cuando esta realidad llega a nuestras vidas nos sentimos abandonados, incluso, por Dios. Sin embargo, Él es el buen samaritano que se acerca, se detiene, cura, levanta, se compadece del enfermo.
Esta jornada es para orar por los enfermos, pero también por aquellos que los cuidan, ya sean familiares, amigos, médicos, enfermeras o voluntarios que se comportan como verdaderos prójimos. Dios nos conceda a todos su gracia para poder sobrellevar nuestras fragilidades y que a todos llegue la salud del cuerpo y del espíritu.