- UNA IGLESIA DEL DIÁLOGO Y DEL ENCUENTRO
Los musulmanes no son nuestros enemigos ni nuestros adversarios ni la competencia. Son nuestros hermanos y hermanas y nosotros queremos salir a su encuentro, para establecer un diálogo que comienza por la amistad y la convivencia, continuar por el trabajo conjunto al servicio de las grandes causas de la humanidad y culminar en el compartir la fe y la oración si se puede.
El diálogo, nos dijo el Papa cuando nos visitó hace dos años, “no es una moda, y menos todavía una estrategia para hacer crecer el número de miembros de la Iglesia… Si la Iglesia debe entrar en diálogo es por fidelidad a su Señor y Maestro, el cual, desde el comienzo, movido por el amor, ha querido entrar en diálogo como amigo e invitarnos a participar de su amistad. Así, como discípulos de Cristo, somos llamados, desde el día de nuestro bautismo, a ser parte de ese diálogo de salvación y de amistad del que somos los primeros beneficiarios” (Discurso en la Catedral de Rabat, el 31.03.19)
Y que el diálogo no es una moda o una manía de nuestros días, sino una realidad teológica y profundamente bien fundada nos lo demostraba citando a su predecesor, San Pablo VI en la Encíclica Ecclesiam Suam: “La Iglesia tiene que entrar en diálogo con el mundo en el que vive. La Iglesia se hace Palabra; la Iglesia se hace mensaje; la Iglesia se hace conversación” (Nº 67)
Por eso el Papa Francisco nos recordaba que “en estas tierras, el cristiano aprende a ser sacramento vivo del diálogo que Dios quiere iniciar con cada hombre y cada mujer, sin importar su condición de vida. Un diálogo que, en consecuencia, estamos invitados a realizar a la manera de Jesús, dulce y humilde de corazón, con un amor ferviente y desinteresado, sin cálculos y sin límites, en el respeto de la libertad de las personas” (Discurso en la Catedral de Rabat, el 31.03.19)
Un icono que gustamos de contemplar y meditar es el de la Visitación de María. Ella sale de Nazaret y se dirige a casa de Isabel para ayudarle… pero llevando a Cristo con Ella y en Ella. En el encuentro entre las primas, el Espíritu hace su trabajo y manifiesta, más allá de la voluntad e intención de los protagonistas del mismo, la presencia de Cristo, que es precisamente el lugar de encuentro por excelencia y en plenitud entre Dios y el hombre.
En esta dimensión, como en otras, nuestra Iglesia de Marruecos pretende ser una “Iglesia en salida”, no replegada sobre sí misma, no autorreferencial. Nuestro lema pastoral el año pasado y el actual es, precisamente, “Bautizados y enviados, seamos sacramento del encuentro”.
- UNA IGLESIA SAMARITANA
Sí, una Iglesia que, como el Buen Samaritano, quiere pararse en el camino al lado de quien sufre, de los que están en necesidad, de los más débiles... para curarlos, para cuidarlos, para escucharlos, para darles una nueva esperanza.
A través de Caritas y la Delegación Diocesana de Misiones nuestra Iglesia cultiva esta dimensión samaritana, sobre todo a favor de los migrantes que sufren y que son vulnerables. Con ellos intentamos conjugar en hechos concretos los cuatro verbos que el Papa nos propone: “Acoger, proteger, promover e integrar”.
Pero no es sólo lo que se hace con los migrantes subsaharianos; diversas congregaciones, grupos y parroquias trabajan en el mundo de la salud (incluso como enfermeras en la salud pública), apoyan asociaciones en favor de los discapacitados y establecen obras para ellos (una escuela de sordo-mudos, por ejemplo, como también centros y casas de acogida para discapacitados profundos o jóvenes embarazadas solteras), organizan guarderías en zonas y para familias desfavorecidas, trabajan en la alfabetización y promoción de la mujer, actúan en el mundo rural (cooperativas, perforación de pozos, etc.), salen al paso de quienes no pueden pagar tratamiento o medicamentos…
Es la diaconía, es el mostrar la fe con obras, es la fraternidad activada…
- UNA IGLESIA PUENTE
Tenemos una vocación muy clara: ser constructores de puentes (¡pontífices!). Nuestra Iglesia quiere ser «puente» entre cristianos y musulmanes, entre África y Europa, entre negros y blancos, entre oriente y occidente, entre jóvenes y adultos, entre protestantes y católicos (¡aquí vivimos maravillosamente la dimensión ecuménica !!!)
Construir puentes más que muros y fronteras es nuestra vocación, y creo que la de toda la Iglesia y de todo cristiano: somos puentes entre Dios y el mundo.
- UNA IGLESIA JOVEN, DINÁMICA, ALEGRE Y FESTIVA
Todo esto lo hemos recibido a través de nuestros hermanos jóvenes provenientes de muchos países del África subsahariana. En muchas de nuestras comunidades ellos son todos, o la mayoría. Ellos han hecho bajar la media de edad de los cristianos de Marruecos en torno a los 35 años. Ellos ponen la música, la danza, el color, la alegría a nuestras celebraciones. Con ellos siempre es fiesta y gracias a ellos cada año celebramos festivamente unos 40 bautismos de jóvenes-adultos y casi un centenar de confirmaciones.
La dinamicidad de la juventud tiene su lado difícil: están unos años y, acabados los estudios, se van. Cada año un cuarto de los cristianos (25%) se marcha; felizmente otros los reemplazan, pero ello hace que siempre tengamos que empezar de nuevo, lo que no nos deja dormirnos en los laureles.
- UNA IGLESIA TRINITARIA
¿Podría la Iglesia no sentirse hija del Padre, cuerpo de Cristo y fruto del Espíritu Santo? La Iglesia Universal, cada Iglesia local, cada familia (¡Iglesia doméstica!) toda comunidad cristiana, congregación, grupo o movimiento es o debe ser un reflejo de la comunidad trinitaria.
La Trinidad es el modelo a imitar; la vida trinitaria, que es el Amor, es lo que debemos vivir todos. ¿Cómo no sería trinitaria nuestra Iglesia en Marruecos?
Pero si además resulta que una de nuestras principales tareas es rescatar a los migrantes de las mafias, liberar a los ignorantes de su ignorancia, visitar a los presos (¡lástima, sólo nos dejan ver a los cristianos!) y llevarles consuelo, ¿cómo no ver en todo ello los rasgos y actitudes del carisma “trinitario”?
La presencia de dos hermanos trinitarios sacerdotes es, para todos, un recuerdo, un estímulo y un acicate para vivir esta dimensión de toda vida cristiana.
10.-UNA IGLESIA APASIONADA Y APASIONANTE
Somos – queremos ser – una Iglesia apasionada y apasionante.
Apasionada por Cristo y por Marruecos, que son los dos pilares de nuestra razón de ser y de existir aquí.
Apasionante por todo lo que Dios nos permite descubrir y vivir aquí, por el testimonio hermoso y potente que dan tantos hermanos nuestros a todos los que nos visitan y nos conocen por primera vez... como quizás tú, querido lector, que acabas de leer estas líneas.




