Les presentamos la primera parte de una reflexión que hace el Cardenal Cristóbal López, sdb, Arzobispo de Rabat, Marruecos, sobre la presencia de la Iglesia Católica en es país de mayoría musulmana y donde se encuentran los PP. Antonio Flores, Rolando Ruíz y François Saleh, Misioneros Xaverianos.
LA IGLESIA QUE ESTÁ EN MARRUECOS
Pero…¿acaso hay cristianos en Marruecos? ¿Existe la Iglesia Católica en ese país?
Puedo y quiero responder categóricamente: «Sí, la Iglesia Católica existe en Marruecos, y está vivita y coleando, formada por comunidades vivas y entusiastas. En Marruecos somos unos 30.000 católicos, provenientes de más de 100 países; hay dos diócesis –mejor dicho, ¡archidiócesis! - con sus respectivas catedrales en Tánger y Rabat; hay unas 30 parroquias, atendidas por unos 50 sacerdotes (diocesanos y religiosos); unas 30 comunidades de religiosas con casi 200 hermanas, entre las cuales dos monasterios: clarisas y carmelitas. Los religiosos son unos 40, entre sacerdotes y hermanos; también un monasterio, el de los trapenses de Nuestra Señora del Atlas, heredero de los mártires de Tibhirine, inmortalizados por la película «De hombres y de dioses»
En nuestras comunidades cristianas hay más hombres que mujeres (cosa que llama la atención), más jóvenes que adultos (más raro todavía) y más negros que blancos (nada raro, puesto que el grupo más numeroso de cristianos es el de estudiantes universitarios subsaharianos)
Además, esta Iglesia no es de ahora: ¡en 2019 celebramos un Año Jubilar con ocasión de los 800 años de presencia de los franciscanos en Marruecos! Pero podemos ir más lejos: en los siglos III y IV, había en estas tierras obispados (con sus correspondientes obispos) en Tánger, Ceuta, Tetuán, Asila, Larache, Volubilis y Salé. Es decir, que había una vida cristiana extendida y fecunda, porque dio mártires en abundancia (San Marcelo de Tánger, San Daniel de Ceuta, etc.)
¿Y cómo es esta Iglesia que está en Marruecos? Vamos a ver algunas características.
- UNA IGLESIA INSIGNIFICANTE... PERO SIGNIFICATIVA
Insignificante porque pequeña, minúscula, diminuta... Treinta mil católicos entre 37 millones de habitantes no da ni para un 0,1%.
Para quienes se desaniman y deprimen porque somos pocos y normalmente no aumentamos, el Papa Francisco vino a abrirnos los ojos y motivarnos, cuando en su visita a Marruecos nos dijo: “No es un problema ser poco numerosos; el problema sería ser insignificantes (vacíos de significado), el problema sería llegar a ser sal que no tiene sabor de Evangelio, ¡éste es el problema!, o ser luz que no ilumina a nadie” “Yo pienso que la preocupación surge cuando nosotros, los cristianos, nos sentimos perseguidos por la idea de que sólo seremos significativos si somos una masa y si ocupamos todos los espacios. Sabéis que la vida se juega en la capacidad de ser “fermento” allí donde nos encontramos y con quien nos encontramos” (Discurso en la Catedral de Rabat, 31.03.19)
Aunque insignificante, nuestra Iglesia es significativa porque llevamos, en vasijas de barro, un tesoro; tenemos algo que decir y aportar a la sociedad y porque somos un signo y un instrumento del Reino de Dios.
- UNA IGLESIA MUY CATÓLICA Y SIGNO DE COMUNIÓN PARA TODOS
Ese tesoro que tenemos, manifestamos y ofrecemos es, para empezar, el de la comunión. Los pocos que somos provenimos de más de 100 países de los cinco continentes. Mostrar al mundo que es posible vivir en comunión entre nosotros, siendo tan distintos, es ya ser signo de la Trinidad, que es Comunión dentro de la diferencia entre las tres personas.
En este sentido somos una Iglesia muy católica, es decir, universal. Con razón San Juan Pablo II había dicho a los obispos de África del Norte que “la Iglesia Católica, sin los cristianos de África del Norte, sería menos católica”
Y el establecer amistad y buena relación entre cristianos y musulmanes es un signo de importancia trascendental en nuestros días y en nuestro mundo. Con nuestra vida aquí estamos diciendo a todos: “musulmanes y cristianos podemos vivir como amigos, más aún, como hermanos”. Cuando muchos se empeñan en conducir la historia por la senda del enfrentamiento, el conflicto y la guerra, nosotros damos testimonio de que un mundo de paz y de fraternidad es posible a pesar de nuestras diferencias de todo tipo.
Una Iglesia pequeña, pero Iglesia-Comunión, una Iglesia-Signo, significativa.
- UNA IGLESIA MISIONERA AL SERVICIO DEL REINO
Sí, nuestro objetivo aquí –y en todas partes, yo creo- no es hacer «engordar» la Iglesia, sino hacer crecer el Reino de Dios en Marruecos, es decir, la justicia y la paz, la vida y la verdad, la igualdad y la libertad, la solidaridad y el amor. Y hacer esto con nuestros hermanos y hermanas musulmanes.
No queremos ser una Iglesia autorreferencial, sino una Iglesia abierta y volcada hacia el exterior, en salida hacia los otros.
Nuestro modo de acción no es el enfrentamiento o la competencia, sino el unir fuerzas, cristianos y musulmanes, creyentes y no creyentes, hombres todos de buena voluntad, para trabajar juntos en la construcción de ese “cielo nuevo y tierra nueva” … “en los que ya no habrá ni llanto ni luto ni dolor”, en los que “la misericordia y la verdad se encuentran, la justicia y la paz se besan” (Salmo 85)
Queremos ser, pues, una Iglesia en misión, una misión que no es otra sino la de Cristo: hacer que el mundo sea lo más próximo posible al Reino de Dios.
- UNA IGLESIA DE EXTRANJEROS, PERO NO EXTRANJERA
Igual que la Palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, así también nuestra Iglesia quiere estar encarnada y al servicio del pueblo marroquí.
El gran servicio que nosotros prestamos aquí es el de ser testigos de Cristo, testigos del amor de Dios, a través de nuestra vida de comunión y de nuestra vida de oración (queremos ser «orantes en medio de un pueblo que reza»).
Además, como tercera pata del trípode, prestamos otros «pequeños» servicios, que son las actividades de las que somos responsables: las escuelas (15 escuelas católicas con 12 000 alumnos), los centros de salud, los centros socio-culturales y bibliotecas, Cáritas (unos 10.000 migrantes atendidos cada año y otros tantos marroquíes), etc.
En este país, los cristianos somos todos extranjeros, pero queremos que nuestra Iglesia sea marroquí. Por eso nos esforzamos en conocer y amar la lengua, la cultura, la historia de este pueblo que nos acoge y nos permite vivir nuestra fe.
Es el principio teológico de la Encarnación, fundamental en toda pastoral, en toda acción eclesial; no de balde Dios, para salvarnos, humanizarnos y divinizarnos, quiso encarnarse y ser “Dios-con-nosotros”, en todo igual a nosotros menos en el pecado.




