Como cada año el 2 de febrero se celebra en nuestra Iglesia Católica la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Para esta ocasión el Papa Francisco nos dice: “El propósito de esta Jornada es ayudar a la Iglesia a valorar cada vez más el testimonio de quienes eligen consagrar su vida al Señor y a sus hermanos, a la vez que invita a las personas consagradas aprovechar este día para renovar los propósitos y reavivar los sentimientos que deben inspirar su entrega al Señor”.

Esta celebración coincide con la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo, donde el viejo Simeón nos dice que el Hijo de Dios es Luz que alumbra a las naciones, por ello también se conoce esta fiesta como el Día de la Candelaria.
Las religiosas y religiosos, al consagrar su vida a Dios, se convierten en luz de las naciones, a ejemplo de Jesucristo, donde quiera que sean envidos su vida refleja a Dios, sus palabras saben a Evangelio, a esperanza, a alegría, a fe, a amor al prójimo. Son ellos y ellas que, a través de la oración y de su trabajo continúan la misión de la Iglesia en el mundo. Los hay de todas las razas y lenguas, en ellos y ellas vemos que es posible vivir como hermanos, como verdaderos hijos de Dios.

En este 2021, la Jornada toma un tinte muy especial, la celebramos en medio de la pandemia del Covid-19, es por ello que oramos por aquellos consagrados y consagradas que, dando testimonio de Jesús en el mundo, se contagiaron y murieron, también pedimos por aquellos que aún están contagiados y que están luchando por superar los efectos de la pandemia. También esto es un testimonio de su vida consagrada, no están exentos de la vida del mundo, sino que son parte de toda la humanidad.
Que el Señor siga sosteniendo a todos nuestros consagrados y aquellos que están en la formación que el Espíritu Santo los ilumine en su discernimiento. Dios los bendiga siempre.