Cuando alguna persona decide iniciar un servicio de Laicado, debe sentirse profundamente agradecido con Dios por la comprensión y aceptación de la vocación que nos lleva a servir a nuestro Señor Jesucristo en el anuncio del Evangelio. El servicio laical requiere un compromiso personal que nos haga participes del trabajo comunitario bajo la regla Xaveriana y siguiendo los acuerdos que se alcancen junto con los misioneros que estén a cargo del laicado.
El servidor debe tener muy claro que este servicio puede tener obstáculos de muchos tipos y a veces un gran desaliento al no tener los resultados esperados, pero en esos momentos hay que acudir al Señor en oración para poder continuar en el servicio y reforzar la fidelidad requerida por los laicos comprometidos. Nuestro trabajo, como Laicos, no es que cada uno de nosotros logre que las personas transformen sus vidas por nuestras enseñanzas, sino que seamos capaces de llevarles las enseñanzas evangélicas de nuestro Señor Jesucristo quien sí puede ayudarlos a modificar sus hábitos de vida.

Somos servidores y hemos de renunciar a todo aquello que nos aleje de la enseñanza de Jesucristo. No es sencillo hacerlo, porque la costumbre y en algunos casos las tentaciones nos llevan a pensamientos que nos alejan de los comentarios evangélicos, pero si reforzamos nuestra voluntad y con la oración continua, podremos avanzar en este difícil terreno.
De la misma manera, la obediencia a los acuerdos debe mantenerse pues la pequeña parte que representa nuestro servicio es complementada por muchos otros servicios de otros laicos y misioneros hasta alcanzar objetivos mucho más elevados que los que nos pueden impulsar a cada uno de nosotros. Proponer actividades y comentarios útiles es saludable, pero todo tendrá sus prioridades y hay que aceptar los lineamientos que se nos expongan.

Mantener la Fe es primordial en nuestras vidas, especialmente en los momentos más complicados de nuestra existencia. Muchas veces repetimos “Hágase tu voluntad”, sin embargo, ante problemas y circunstancias difíciles, a veces flaqueamos y esto es incorrecto. El Señor está pendiente de nuestras necesidades y nunca nos deja solos, por lo tanto, hay que vivir una vida de Fe, inspirada directamente de Jesús, quien hasta en los peores momentos mantuvo la Fe absoluta en Dios y nos brinda el ejemplo maravilloso del servidor apostólico.
La preparación personal en todos aquellos aspectos que nos ayuden a mejorar nuestra preparación laical y que pueda ser auxiliar en nuestra labor pastoral siempre será bienvenida. Cada día hay nuevas cosas que aprender y sobre todo poder observar cómo es que Dios ha creado todo lo que nos rodea y ha puesto su maravillosa sabiduría a nuestro servicio. Todos los conocimientos que podamos obtener y aplicar es un homenaje a la sabiduría con la que el Señor nos ha dotado y capacitarnos cada día es necesario y sumamente agradable cuando forma parte del servicio laical que podamos prestar a nuestra comunidad.

Es un hecho que todos quienes prestamos un servicio debemos ejercer la Caridad hacía todas las personas, más allá de las características personales que cada quien tenga. Desde luego el primer ser digno de caridad soy yo mismo, pues el evangelio nos lo comenta “Ama a Dios por sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. No sentir caridad por nosotros mismos nos impide ver con claridad nuestros defectos y virtudes y nos estaremos juzgando con demasiada dureza ante cosas simples o con demasiada suavidad ante hechos complicados. Hay que ejercer la caridad y permitir que nuestra actitud hacia los demás también irradie la caridad Cristiana.

Somos servidores y en el servicio está nuestro tesoro, debemos ser siervos obedientes y caritativos irradiando Fe en todos nuestros actos y el Señor nos bendecirá todos los días que nos permita vivir, para cumplir el legado se San Guido: “Hacer del mundo una sola Familia”.
Rosa María Rosalino y Martín Luna
Yo, Rosy Rosalino, soy catequista, orgullosamente Xaveriana, agradezco a mi esposo Martín Luna por toda su ayuda y apoyo incondicional en este apostolado.



