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María Nieves Guerrero, Juana Ma. Cerda

Reflexiones de la Carta Testamento

Que el  espíritu   que   nos  caracteriza como  misioneros  es   la  fe para buscar,  amar a  Dios y  nuestros  hermanos  más  necesitados, amor  a  nuestra  familia religiosa.

La  obediencia a nuestros  superiores y tener  presente  que   aunque  seamos pequeños en nuestro  ministerio,  ayudar a  edificar lo  que  Jesús nos   confió y  evangelizar con la  Palabra   de  Dios: “Vayan  y  hagan  que todos  sean mis  discípulos”.

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Tener  el  espíritu  de  los   apóstoles, ser obedientes  y compartir lo  que tenemos con los demás. Y tener,  el  espíritu de  esperanza  aunque algunos  ya partieron  a  la   casa del  Padre algún  día  nos encontraremos   y  formaremos  una  sola  familia.

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Principalmente:  la oración,  la  contemplación   al  Santísimo  Sacramento   es  lo  que  nos  fortalece  y nos ayuda en momentos  de  desaliento.

María Nieves Guerrero

 

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Debo de confesar que nunca había leído la Carta Testamento, ahora que me pidieron esta reflexión lo hice, creó que al fin entendí lo que nuestro Señor Obispo san Guido María Conforti nos quería compartir.

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Esa entrega y amor de los Misioneros Xaverianos, al servicio del Señor su gran humildad y obediencia.

Esa humildad que a muchos de nosotros nos falta, para saber tratar al prójimo; tendemos a pensar que mientras más conocimientos tenemos, nos da derecho a tratar mal a los demás; o bien, a veces nos encontramos enojados porque las cosas no salieron bien, y tenemos la costumbre de maltratar a las personas, hacerles un desdén o mala cara… Entonces, me pregunto ¿La humildad de la que presumimos donde está? Yo pienso qué, si no tenemos paciencia no podemos practicar la obediencia.

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Desde que conozco a Dios un poco más, me gusta mucho pedir y agradecer por lo que nos da y trato de ser obediente con lo que marca la religión. Me gusta platicar con Él, creer que en esa paz y silencio que me envuelve es la contestación de Dios. Nunca perdiendo la fe; como lo debemos de hacer con humildad y obediencia. Para que: SEA POR TODOS CONOCIDO Y AMADO, NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

Juana Ma. Cerda Delgado