Autor: P. Savino Mombelli /
¿Qué posición tomamos, los xaverianos en Brasil, delante de los desafíos sociales del país y en favor de la Justicia social? Ante todo, me gustaría hacer la observación que desde siglos atrás, no existe una dimensión social en la literatura eclesiástica, en la liturgia, en la predicación y mucho menos, en el derecho canónico. En el nuevo Derecho Canónico (1981) dedica a la situación de los pobres un canon y medio sobre los 2500 que tiene. ¿Por qué esto?
Desde la época de Constantino, la Iglesia se sintió obligada a pensar en el cielo y en las almas, debiendo dejar lo terreno en manos del emperador. Su servicio social por cumplir era de someter los pueblos a las exigencias del gobierno imperial, y el sometimiento no tiene nada que ver con justicia social. Al contrario, es opuesta a la justicia.
Es verdad que a lo largo de los siglos, hay ejemplos de gente que entendió el evangelio como un compromiso mayor con los necesitados: San Benito, San Francisco de Asis, San Vicente o San Juan Bosco, pero no es que haya surgido de la doctrina o de la pastoral que hacían. A lo mucho, se enseña la caridad en sentido de ayuda y socorro al pobre. Esto lo explicita bien Gilberto Freire. Recordemos también la frase de Pio X: “Dios quiere los ricos y los pobres y quien no acepta esta situación, está contra la voluntad de Dios”. Lo que quiere decir que Dios en persona no quiere la justicia social.
Como xaveriano, percibí la existencia de una problemática social en Brasil sólo después de 10 años de estancia aquí (1966-76), viendo la periferia de Belem (capital del estado de Pará), más que visitando el interior del estado. Sin esa experiencia, nunca hubiera llegado a la sensibilidad social que tengo hoy. Hasta hoy, no es que tenga los medios para vivir la justicia social porque en mi trabajo, no es que me oponga a la injusticia social de forma sistemática, es más bien ocasional, afectiva y no científica; es más moral que teológica, mas por principio que por programación. Me dedico a lo social por la enseñanza filosófico teológica. Desde hace 30 años acompaño actividades sociales de asistencialismo, pero me pregunto, ¿qué más puedo hacer?
Nada en la Iglesia fue pensado en función de atacar la injusticia social. Los mismos sacramentos son vistos, enseñados y practicados en función de una salvación personal teniendo como destino el cielo, en vez de una salvación social que tenga como destino el Reino de Dios en la tierra. En la Iglesia que conozco –Europa, América y África- no veo una estructura que esté en función de una transformación social posible. Diría más bien, que las cosas andan en sentido opuesto.
La misma estructura básica de la Iglesia no es que nos dé un buen ejemplo en democrática, igualdad y fraternidad. Un árbol antisocial desde las raíces no puede dar frutos sociales. Creo que la mayor dificultad para llegar a lo social cristiano se encuentra dentro de la propia Iglesia, y por tanto, dentro de la teología, de la pastoral, del derecho, del gobierno, de las tradiciones y de los proyectos para el futuro. Veo las montañosas diferencias que existen en la Iglesia entre jerarquía y pueblo, entre clérigos y laicos, entre hombres y mujeres, entre los que mandan y obedecen. ¿Por qué la Iglesia condenó el comunismo y el socialismo y no el capitalismo? Porque la Iglesia es un ejemplo de capitalismo en cuanto a poder, derecho, legislación, privilegios, sistema y programación.
Yo les aconsejaría a los xaverianos de tener presente dos direcciones: una es la internacionalidad, la fraternidad universal y el diálogo entre culturas y religiones. La otra es la transformación social, enseñando y aplicando democracia, responsabilidad, la comunión de bienes e igualdad de derechos y deberes.


