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Xaverianos

"ENCUENTRO" DE SN. GUIDO CONFORTI Y SN. FCO. XAVIER

Autor: P. Álvaro Aguado R. /

Después de la fascinación por Cristo Crucificado hay una segunda atracción que define la vida y la acción de Guido María Conforti: la personalidad de Francisco Xavier. En sus escritos, como en su predicación, lo cita con mucha espontaneidad; y habla de él como de un amigo, del cual conoce y recuerda de memoria virtudes y hechos.

 «La figura de Xavier nos hace exclamar que el Señor es siempre admirable como lo fue también su conversión operada por medio de Ignacio de Loyola, escuchando una frase del Evangelio». « ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si se destruye a sí mismo? (Mt 16, 26). Estas palabras transformaron a Francisco Xavier, haciéndole entender dos grandes verdades que no olvidaría jamás: la nada de las cosas de la tierra y el valor del alma humana. Todo lo que el mundo puede prometer y dar es caduco, y el alma es verdaderamente preciosa. Esta intuición que tuvo lo transformo en un hombre deseoso de su propia santificación y de la de sus hermanos, marcando fuertemente toda su vida y su apostolado».

 “Mi vida es Cristo” (Flp 1, 21), decía el Apóstol Pablo. En esta palabra, el cristiano es otro Cristo y lo vemos en nuestro patrono San Francisco Xavier. Cristo vivió desapegado de todas las cosas de la tierra, y Francisco Xavier se desprende de todo: de la familia, de la riqueza y abraza la pobreza de Cristo, que no se apegó a la fascinación de las cosas. La vida de Jesús se resume en las palabras dichas por él “(No sabían) que yo tengo que ocuparme de las cosas de mi Padre” (Lc 2, 49), y Francisco toma como lema de su vida “Para la mayor gloria de Dios”. Busca la gloria de Dios por encima de todo, dándolo a conocer a los que están en las tinieblas. Cristo crece en las obras buenas, arterias por las que la vida pasa en nosotros y se perfecciona conla Oracióny los Sacramentos […]».

 Así lo hace ver la vida de «San Francisco Xavier que creció continuamente en la caridad para dar a conocer y a amar a nuestro Señor Jesucristo, hasta ser consumido a la edad de 46 años». «Cuando no lograba la conversión de algunas almas, añadía noches, pasadas en oración. Nuestras oraciones logran gracias maravillosas». «Al sobrevenir las pruebas, Xavier le dice a Dios: “Más, Señor, más.” porque está animado por la caridad y entiende la locura de la cruz, que el mundo no puede comprender».

 Para Mons. Conforti, «Xavier», como él acostumbraba llamarlo, es el hombre que ha sabido dejarse transformar por una Palabra del Evangelio y la ha sabido vivir, comprometiendo en ello toda la firmeza de su voluntad. Se ha uniformado así a Jesucristo como copia fiel, asumiendo su semblante en la contemplación y en la práctica de la caridad, de la oración y en la unión con Dios, hasta llegar a ser un apóstol obediente. Su amor y su conformación con Cristo lo han llevado a desear y vivir gozosamente las fatigas y los sufrimientos de la misión.

 Como Obispo, Conforti desea que de entre la juventud surjan imitadores de la vida apostólica que practicó San Francisco Xavier y sea mayor el número de los hijos sensibles a todo lo que es bello y grande, para que a los pies del altar, nuestro Santo Intercesor, suscite y bendiga a los apóstoles, para llevar la fe al país que quiso evangelizar: China.