Autor: P. Osvaldo Pulido R. /
Los problemas de la vida, la inseguridad por lo que nos reserva el futuro, nos puede llevar a ser esclavos del miedo, un miedo que impide comprometernos. Sólo dejándonos guiar por el Espíritu de Jesús podemos experimentar la libertad y la verdadera vida que él nos ofrece. Te propongo que leas y reflexiones el pasaje Juan 20, 19- 31
La clave de las apariciones pascuales es la que Jesús hace a toda la comunidad reunida. En la comunidad se expresa la garantía de la fidelidad a Jesús y su Espíritu. La misma comunidad recibe el encargo de ir y anunciar la Buena Nueva del Reino. La experiencia pascual, nos enseña que en la comunidad de creyentes es donde se puede descubrir la verdadera y real presencia del Resucitado. La fe se vive y se experimenta en comunidad.
Les quita el miedo
El evangelista San Juan dice: “El primer día de la semana”. Es una evidente referencia a la nueva creación, a la nueva alianza. En Jesús se completa definitivamente la nueva creación del hombre. El lugar donde se hallaban los discípulos, “se encontraba cerrado por miedo a los judíos”. María Magdalena les anuncia la alegre noticia de que Jesús está vivo; sin embargo, eso no disipa el miedo de los discípulos; ellos, siguen acobardados y llenos de dudas.
La comunidad de creyentes está centrada en Jesús y todo gira alrededor de su persona; pero, a los creyentes, les cuesta reconocerlo. A algunos hasta les cuesta creer. El Resucitado se presenta en medio de ellos y los saluda con entrañable y familiar gesto, capaz de quitarles el miedo y las incertidumbres.
Comunica el Espíritu
Cuando el Resucitado se presenta en medio de la comunidad reunida, repite varias veces el saludo; con el primer saludo, les quita el miedo; con el segundo, trata de darles fuerza para la misión, les devuelve la paz, ya perdida, para el presente y el futuro de sus vidas. La verdadera Vida, nadie puede quietársela a Jesús ni a sus seguidores. Los discípulos hacen la experiencia de que Jesús vive y que comunica a ellos esa misma vida.
No se puede entender la experiencia pascual sin el envío a la misión. La misión hay que llevarla a cabo como la cumplió Jesús: con un amor y entrega incondicional por los demás. El Resucitado les comunica el Espíritu que da vida verdadera; ayuda a transformar las vidas de los discípulos; los hace hombres libres para amar y ser amados. El Espíritu los capacita para la misión que van a emprender: anunciar que Jesús vive, que el amor es posible desde la adhesión a Jesús.
Reflexión personal
Cuando Jesús se hace presente en la vida de sus discípulos, les cambia el rumbo de la vida; ellos recuperan la paz, se hacen más fuertes, se sienten enviados a compartir la misma tarea. ¿Cuáles han sido los momentos en que me he sentido transformado por el Espíritu de Jesús? ¿Qué pasos he dado después de experimentar un nuevo modo de vivir la vida?
La presencia de Jesucristo sigue presente, como antes, en nuestra Iglesia; pero, por falta de vigor espiritual, vivimos una crisis espiritual dentro de la Iglesia. ¿Siento que está arraigada la presencia viva de Jesús en mi persona? ¿Tengo la sensibilidad para buscar, escuchar, recordar e interiorizar el Evangelio de Jesús?
Tenemos que reaccionar. Necesitamos vivir la presencia de Jesús hoy más que nunca; necesitamos darlo a conocer como lo hicieron los discípulos. ¿Alguna vez me he sentido invitado a compartir mi fe con los demás? ¿Cómo lo he manifestado? Impulsado por el Espíritu de Jesús, ¿he escuchado el llamado a la misión?


