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P. Guillermo Jiménez s.x.

Exhortación a los misioneros

En el artículo anterior nos faltó ver las dos últimas normas que el papa Benedicto XV da a los obispos, vicarios y prefectos apostólicos.

Una se refiere a no encerrarse en su territorio, sino más bien tener una buena relación con los responsables de los territorios aledaños, estableciendo reuniones entre ellos para aconsejarse y animarse mutuamente, ya que en una misma región hay muchos asuntos comunes que naturalmente no pueden solucionarse sino de común acuerdo.

La última norma está contenida en nueve números de la carta apostólica (30 al 39), señal de que el Papa le da mucha importancia. Se intitula “Cuidado y formación del clero nativo”. En aquella época en muchas regiones había pocos sacerdotes locales, e incluso existían zonas donde todos los sacerdotes eran extranjeros. Cien años después, en muchas regiones, el clero local es mayoría, hasta los obispos extranjeros son más bien raros. Esto significa que esta norma, y no solo esta, se llevó a la práctica durante el siglo pasado, fundando seminarios y enviando también seminaristas y sacerdotes para la formación, utilizando los colegios en Roma, de los cuales habla el Papa.

El segundo capítulo, además de estar al centro, es también el más extenso, llevando por título “Exhortación a los misioneros”. Los primeros tres números son una verdadera exhortación, sobre todo el número 41: Sea lo primero, y como base de todo, que procuren formarse cabal concepto de la sublimidad de su misión, la cual debe absorber todas sus energías. Podemos poner a su lado el final del primer número de la Carta Testamento que san Guido María Conforti dejó a los Xaverianos: Cada uno de nosotros debe estar, pues, íntimamente persuadido de que la vocación a la que hemos sido llamados no podía ser más noble y grande porque nos hace semejantes a Cristo… Conforti termina con una exclamación: ¡El Señor no podía ser más bueno con nosotros!

Estas palabras de nuestro santo fundador, ponen de manifiesto su convicción de que la vocación misionera es verdaderamente sublime; quiso infundirlo en nuestra congregación desde sus inicios. No hay que olvidar que la Carta Testamento fue firmada por monseñor Conforti el 2 de julio de 1921, es decir menos de dos años después de la publicación de la Maximum illud.

En seis números (43 al 48), el Papa exhorta a los misioneros a dejar de lado el patriotismo terreno, pues su misión es embajada de Jesucristo y no legación patriótica, terminando con una cita de san Pablo para expresar el universalismo que debe guiar al misionero: Donde no hay distinción de gentil y judío, de circuncisión e incircuncisión, de bárbaro y escita, de siervo y libre, porque Cristo lo es todo en todos (Col 3,11).

Benedicto XV habla de un segundo escollo que llama el vicio de la avaricia, en el cual se puede caer al buscar su propio sustento, por lo cual cita de nuevo a san Pablo, cosa que también hace nuestro fundador en la Carta Testamento: Estamos contentos, con tal de tener lo suficiente para nuestro sustento y vestido (1Tim 6,8).