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P. Pablo Emmanuel Torres s.x.

El Mejor Profesor del Año

El pasado 23 de marzo se otorgó el premio El Mejor Profesor del Año a Peter Tabichi, elegido entre diez mil profesores de 179 países. El ganador tenía de particular ser un hermano franciscano. Aun cuando la Iglesia católica se distingue en muchos países por su labor educativa, el hecho que un profesor católico sea premiado, la caracteriza no solo como una institución comprometida con el conocimiento sino apasionada por la verdad.

El premio Global Teacher Prize otorgado al hermano Peter, no solo reconoce su vocación al servicio de la enseñanza, sino su compromiso en las zonas de extrema pobreza de Kenia donde realiza su labor. La entrega del premio se llevó a cabo en Emiratos Árabes en la ciudad de Dubai, que, pese al contraste de oportunidades, el hecho de estar frente a jóvenes en el aula vislumbra un futuro esperanzador.

El hermano Peter imparte clases en la secundaria Keriko Mixed Da en Pwani Village, situada en la región remota del Valle del Rift. Una característica de esta escuela, como de otras muchas instituciones católicas de África, es que recibe a jóvenes de diferentes etnias y de otras religiones. El recibir este premio debería ayudar a seguir sembrando la semilla de la alegría por el amor a la verdad entre los jóvenes, el deseo por aprender nuevas cosas para poder emprender el desarrollo en sus comunidades y familias. La educación católica en décadas ha sido el bastión de cambio en muchos países y este reconocimiento es parte de la gran labor de hombres y mujeres comprometidos con la verdad del Evangelio y con la misión educadora de la Iglesia.

Este acontecimiento debería motivar a los padres de familia a creer en la importancia de la educación, pero al mismo tiempo, a comprometerse en formar a sus hijos en valores de la fe y una convivencia capaz de generar personas íntegras, sabiendo que el proceso de la educación nunca termina, para formar a las personas y generar nuevos aprendizajes en la vida de todos los días. Este es precisamente el reto, aprender de los acontecimientos de la vida diaria que nos ayuden a crecer intelectual como espiritualmente. No se necesita recibir un premio para reconocer las cosas que se han hecho bien y con el gusto por servir como dice el hermano Peter: Ver a mis alumnos crecer en conocimiento, habilidades y confianza es mi mayor alegría al enseñar.

Recuerden hermanos y hermanas que todos somos discípulos de Cristo, somos sus aprendices, así como Jesús enseñó a sus apóstoles a orar, así aprendamos del hermano Peter a servir a nuestro prójimo, con alegría de saber que no recibiremos un trofeo de parte de una institución, sino recibiremos el reconocimiento de Cristo nuestro Señor, como diría san Pablo, trabajemos por un premio que no se acaba, la vida eterna.