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P. Pablo Emmanuel Torres s.x.

El llamado misterioso de la vocación

En Indonesia, un país que cuenta con 17,508 islas, en la región de Papúa, un pequeño pueblo no por eso menos importante llamado Asmat, el pasado 2 de febrero vivió un momento muy importante en su camino de fe, al llevarse a cabo la ordenación del primer sacerdote originario de esta tribu.

El acontecimiento fue un evento de mucha alegría y sobre todo de mucha esperanza al sentir que Dios había visto en ese pueblo la fe para llamar a uno de ellos a su servicio y entrega al prójimo.

La celebración de la ordenación sacerdotal fue presidida por el obispo de Agats, monseñor Aloysius Murwito, en la Catedral de la Santa Cruz. Junto con el nuevo sacerdote, el padre Moses Amiset, fueron ordenados también los diáconos Laurensius A. Kupea, Innocentius Nurmalay y Yohanis Laritembun. Este evento es fruto de la colaboración de las islas de las Molucas y Flores. Cabe resaltar que san Francisco Xavier dio comienzo a la evangelización en estas islas sobre todo en las Molucas, y a casi quinientos años de distancia aun se puede sentir la honda huella de fe que dejó este santo en los corazones de esa cultura.

Este evento claramente es una señal de que Dios no se olvida de su pueblo, ya que sigue llamando a hombres y mujeres para que lo acompañen en su caminar. De esa manera queda claro que, si en una isla remota Dios llama a alguien en el ministerio sacerdotal, el amor de Dios no tiene fronteras y para seguir el llamado al servir no existen más obstáculos que la propia obstinación.

La Iglesia católica al estar diseminada por todo el mundo puede creerse que no hace mucho, pero en donde las cámaras y el Instagram no llegan, sí llega la mirada de Dios. Aunque es obvio que el lente para mirar la necesidad del otro y las alegrías de la vida, solo puede verse desde las ventanas de un corazón lleno de fe. La Iglesia y los servicios que desempeña están empapados de una esperanza notable en el futuro. Aun cuando en muchos lugares existen dificultades, problemas sociales, guerras y otras situaciones, sin embargo, Dios sigue optando por el ser humano y confiando en nosotros al llamar a hombres y mujeres al servicio del pueblo de Dios.

Dios tiene puesta su esperanza en cada uno de nosotros y por eso nuestra esperanza no debe debilitarse ni desesperarse, puesto que en cada hombre y cada mujer tenemos la posibilidad de encontrar una luz para nuestro camino.