El documento preparatorio al Sínodo de los Obispos en su XV Asamblea General Ordinaria, con el título “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, nos ofrece una profunda imagen del caminar del discípulo amado junto a Jesús, particularmente en la vivencia de la pascua.
Gracias a la valentía de ir y ver, los discípulos experimentarán la amistad fiel de Cristo y podrán vivir diariamente con Él, dejarse interrogar e inspirar por sus palabras, dejarse impresionar y conmover por sus gestos.
Juan, en particular, será llamado a ser testigo de la pasión y resurrección de su Maestro. En la última cena (cfr. Jn 13,21-29), su cercanía con Él lo llevará a reclinar la cabeza sobre el pecho de Jesús y a confiar en su Palabra. Mientras conduce a Simón Pedro a la casa del sumo sacerdote, se enfrentará a la noche de la prueba y de la soledad (cfr. Jn 18,13-27). Junto a la cruz compartirá el profundo dolor de la Madre, a quien es confiado, asumiendo la responsabilidad de cuidar de Ella (cfr. Jn 19,25-27). En la mañana de pascua compartirá con Pedro la carrera agitada y llena de esperanza hacia el sepulcro vacío (cfr. Jn 20,1-10). Por último, durante la extraordinaria pesca en el lago de Tiberíades (cfr. Jn 21,1-14), reconocerá al Resucitado y dará testimonio de Él a la comunidad.
La figura de Juan nos puede ayudar a comprender la experiencia vocacional como un proceso progresivo de discernimiento interior y de maduración de la fe, que conduce a descubrir la alegría del amor y la vida en plenitud en la entrega y en la participación en el anuncio de la Buena Noticia.