Skip to main content
P. Carlos Abraham Zamora s.x.

Tras las huellas del discípulo amado

El documento preparatorio al Sínodo de los Obispos en su XV Asamblea General Ordinaria, con el título “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, nos ofrece una profunda imagen del caminar del discípulo amado junto a Jesús, particularmente en la vivencia de la pascua.

Gracias a la valentía de ir y ver, los discípulos experimentarán la amistad fiel de Cristo y podrán vivir diariamente con Él, dejarse interrogar e inspirar por sus palabras, dejarse impresionar y conmover por sus gestos.

Juan, en particular, será llamado a ser testigo de la pasión y resurrección de su Maestro. En la última cena (cfr. Jn 13,21-29), su cercanía con Él lo llevará a reclinar la cabeza sobre el pecho de Jesús y a confiar en su Palabra. Mientras conduce a Simón Pedro a la casa del sumo sacerdote, se enfrentará a la noche de la prueba y de la soledad (cfr. Jn 18,13-27). Junto a la cruz compartirá el profundo dolor de la Madre, a quien es confiado, asumiendo la responsabilidad de cuidar de Ella (cfr. Jn 19,25-27). En la mañana de pascua compartirá con Pedro la carrera agitada y llena de esperanza hacia el sepulcro vacío (cfr. Jn 20,1-10). Por último, durante la extraordinaria pesca en el lago de Tiberíades (cfr. Jn 21,1-14), reconocerá al Resucitado y dará testimonio de Él a la comunidad.

La figura de Juan nos puede ayudar a comprender la experiencia vocacional como un proceso progresivo de discernimiento interior y de maduración de la fe, que conduce a descubrir la alegría del amor y la vida en plenitud en la entrega y en la participación en el anuncio de la Buena Noticia.