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P. Alberto Morales s.x.

Me quedo para toda la vida

Más de alguna vez habremos oído hablar del padre Damián o habremos visto la película que cuenta su vida y su misión entre los leprosos de la isla Molokai en Hawai. Como sabemos, el padre Damián nació en Tremeloo, Bélgica, un 3 de enero de 1840. Tenía diecinueve años cuando entró a la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Su verdadero nombre era Josef Van Veuster.

En 1863 su hermano, que también pertenecía a la misma congregación, fue destinado a la isla de Hawai como misionero, pero se enfermó de tifus y no pudo realizar el viaje. Damián le pidió a su superior reemplazar a su hermano y de esta manera llegó a la isla en 1864. Ese mismo año fue ordenado sacerdote en Honolulu. En su primera parroquia trabajó con los nativos de Puna y Kohala, un vasto territorio que recorría sin miedo a las dificultades.

Por ese entonces se desató la terrible epidemia de la lepra, una enfermedad introducida por los europeos. El rey de la isla decretó que todos los contagiados de esa enfermedad fueran enviados a la isla de Molokai donde se les aprovisionarían de algunos víveres, pero en realidad los leprosos fueron abandonados a su suerte porque no tenían remedio. El obispo buscaba la manera de atender espiritualmente a esa gente, consciente que si enviaba a un sacerdote corría el riesgo de contagiarse.

El padre Damián se ofreció voluntariamente para tal misión. En 1873 salió de Honolulu rumbo a Molokai junto con cincuenta leprosos. Al llegar a la isla se dio cuenta de la desesperación en la que vivían los enfermos. Su primer acto fue arrodillarse y rezar en la capilla que encontró. Aquel lugar era considerado como un infierno en la tierra, pero el padre Damián lo transformó en una comunidad de amor, de paz y de esperanza. Desde su llegada se ocupó del cuidado espiritual y material de los leprosos; bajo su supervisión se construyó un hospital, una iglesia, una escuela y viviendas dignas para los habitantes. También les enseñó a cultivar la tierra, creó un coro y una banda de música.

Tenía cuarenta y nueve años de edad cuando se contagió de lepra. No quiso ser trasladado a otro lugar para ser atendido. Decía: Hasta este momento me siento feliz, si me dieran a escoger la posibilidad de salir de aquí curado, respondería sin dudarlo: me quedo para toda la vida con mis leprosos. Y así, a pesar de la enfermedad continuó ejerciendo su ministerio hasta su muerte, el 15 de abril de 1889.

El padre Damián sigue siendo una voz profética que mueve muchas conciencias. Queda claro que su ejemplo no tendría mayor eco sin lo esencial: su inserción y su lenta agonía de leproso.

Fue beatificado el 3 de junio de 1995 con el nombre de Beato Damián de Molokai, y fue canonizado el 11 de octubre de 2009.