En este año 2019 los invitamos a dejarse entusiasmar por la espiritualidad misionera de nuestro fundador san Guido. En el mensaje del DOMUND 2018, el papa Francisco nos recordaba que todo cristiano es misión y que la misión es nuestro mejor aporte a la sociedad: Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Nunca pienses que no tienes nada que aportar o que no le haces falta a nadie: le haces falta a mucha gente y esto piénsalo.
Conforti fue un hombre que vivió concretamente, a partir de su espiritualidad, este compromiso de una manera muy hermosa y eficaz. Él puede darnos elementos importantes para que tú, yo, nosotros, podamos vivir nuestro compromiso misionero. ¿Cuáles son esos elementos de su espiritualidad misionera que nos pueden ayudar? Intentaremos dar algunos elementos y compartir algunas experiencias.
Lo primero que quisiera señalar es que, para Conforti la misión no es una actividad o una ocupación importante en su día, para él la misión es su vida misma. Lo que define su espiritualidad, como nos decía el padre Cencini en el Congreso sobre la Espiritualidad Xaveriana: Es su verdadero yo, y no un “vestido”, aunque sea tan atractivo o hecho a su medida. Esta espiritualidad es precisamente su punto de referencia, más o menos reconocido, en su toma de decisiones.
Para san Guido, la misión es el objeto de todas sus aspiraciones, es el centro que da unidad a todo su ser. Desde su niñez, este pensamiento lo guio y lo llenó de fuerza y verdad, incluso ante las dificultades, nunca lo abandonó sino que le dio nuevas significaciones hasta el cumplimiento de su gran ideal con la fundación del Instituto Misionero, su amada congregación; él mismo lo describe en una carta enviada al cardenal Ledochowski: Desde mis años más tiernos, siempre he sentido una fuerte aspiración para dedicarme a las misiones extranjeras, y no habiendo podido secundar esta santa inclinación a su debido tiempo por razones independientes de mí, he pensado desde hace muchos años fundar yo mismo para la zona de Emilia un seminario destinado a este sublime fin.
La misión, pues, nos es propuesta como el alma de nuestro actuar y vivir. Permítanme compartirles algo de mi vida y mi modo de entender esta espiritualidad de Conforti. Cuando me encuentro con alguien, a pesar de hablar de muchas cosas, yo siempre llevo mi conversación hacia la misión; siempre hablo de Burundi y de lo que Jesús hace en favor de mis hermanos ahí. Lo que hago, siempre está orientado en la lógica de quien lleva a Cristo a los demás; de trabajar en el anuncio del Evangelio a personas concretas de nuestra vida.
¿Y tú? ¿Qué es lo que guía y unifica tu pensar y actuar? ¿Qué es lo que habita en tus deseos más profundos? La vida de San Guido nos inspira a responder a estas preguntas y vivir nuestra misión.



