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P. Guillermo Jiménez s.x.

Un nuevo fervor misionero

El 30 de noviembre de este año, la carta apostólica Maximum illud cumplirá un siglo de su promulgación, razón por la cual el papa Francisco ha querido que en la Iglesia católica hagamos un mes por las misiones, ya que este documento eclesiástico aborda la problemática de la evangelización ad gentes.

Quisiéramos, durante este 2019, acercarnos a este escrito del papa Benedicto XV, con la intención de prepararnos para el mes de octubre, cuando se realice el mes misionero, e iniciamos con un acercamiento al ambiente que reinaba hace un siglo, lo cual nos ayudará a comprender mejor el mensaje del Papa.

Sabemos que, a finales del siglo XV, y principios del XVI, el mundo europeo se dio cuenta de que había otros territorios habitados en el planeta, desconocidos para ellos hasta entonces, y se los repartieron los dos grandes imperios navegantes de aquel tiempo: España y Portugal. Estos dos países tomaron en mano la conquista, el comercio de los nuevos territorios, así como el deber de enviar misioneros para que en dichos pueblos se predicara el Evangelio de Jesucristo.

La decadencia de los dos imperios antes mencionados llegó en el siglo XVIII, y con ello vino una crisis en el campo de la misión ad gentes. El momento fue aprovechado por otros países europeos, principalmente Francia e Inglaterra, los cuales se lanzaron fuera de Europa, adentrándose en los lugares inexplorados hasta entonces, ya que los portugueses se habían limitado a establecerse en las costas de los territorios que les pertenecían, según el tratado de Tordesillas firmado el 7 de junio de 1494.

El siglo XIX trajo consigo un nuevo fervor misionero, aunque al principio ligado a los países colonizadores, y así tenemos el surgimiento de varios institutos religiosos con un carisma misionero; entre ellos podemos mencionar a los Misioneros Combonianos (1867), al Instituto de Misiones Extranjeras de Milán (1850), a los Misioneros de África (1868) y a los Misioneros Xaverianos (1895).

Anteriormente, en lo que se refiere a la logística para la vida de los misioneros, los países colonizadores ayudaban en ello, por motivos políticos, pero la ayuda fue desapareciendo. Por lo que se necesitaba buscar nuevas maneras para involucrar a todo el mundo católico en esta misión de la Iglesia universal. Es así como aparecieron revistas de animación misionera que querían informar e invitar a colaborar en el trabajo misionero.

Entre estas iniciativas tenemos la de la Unión Misionera del Clero, en Italia, bajo la iniciativa del beato Paolo Manna y de san Guido María Conforti, siendo este último su primer presidente, para aprovechar de su estatus de obispo de Parma, con lo cual se tendría una fuerte influencia en el clero. La Unión Misionera del Clero empezó pocos años antes de la carta apostólica que nos ocupa.

Hubo otros acontecimientos cercanos a la creación de nuestro documento, pero no podemos detenernos en todos ellos; baste recordar que en 1919 terminó la Primera Guerra Mundial.

Esto nos puede ayudar para que podamos adentrarnos en el conocimiento de la Maximum illud.