• P. Pablo Emmanuel Torres s.x.
  • Revista

Hombro con hombro

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Existe una frase mexicana muy conocida que dice: Más vale tarde que nunca. Billy Hayden es un político australiano que cuando era un adolescente, aun cuando no estaba bautizado, iba a Misa todos los domingos, entre la curiosidad y la costumbre de algunos de su comunidad.

Fue así que, con el paso de los años, aunque oficialmente no era católico le agradaban los ideales del cristianismo. No fue sino hasta que entrado en edad un derrame cerebral lo llevó al hospital. Durante su estancia vio muchos gestos de caridad desinteresados que nacían de la fe de los católicos y tuvo la oportunidad de darse tiempo para meditar. Finalmente, a los ochenta y cinco años optó por bautizarse y con un hondo pensamiento: El cristianismo representa para mí las cualidades que he intentado vivir en mi vida, pero de ahora en adelante lucharé por defender, con fe.

Este ejemplo nos debe ayudar a reflexionar cómo los buenos actos siempre dan testimonio de algo más grande y profundo que el simple hecho de seguir adelante. Existe un buen Dios para acompañarnos en el camino, muchas veces con discreción.

Ya se ha cumplido más de un año del sismo del 19 de septiembre, que pegó a diferentes zonas de nuestro país, un acontecimiento en donde todos juntos, hombro con hombro y piedra con piedra se buscó ayudar a los que estuvieran en necesidad. Los gestos de solidaridad siempre mueven a los que parecen inamovibles, por ello una reflexión actual para nuestra fe es la siguiente: ¿a qué me mueve mi fe ahora?

Para muchos la fuerza de la vida se va quedando en el tiempo, pero nuestra fe debería ir creciendo y fortaleciéndose cada vez más, dando ejemplo de constancia y fortaleza, en un mundo donde muchos creen que ser católico es solo rezar un tantito.

Pero, quien de verdad tiene fe busca hacer el bien, aunque no aparezca en las noticias y no se considera oficialmente cristiano. Las pequeñas y grandes obras marcan la vida propia o la ajena. Quien tenga dudas sobre si Dios sigue actuando, debería de voltear a ver los actos de tantas personas que, movidas por su fe, ya sea en casa, hospitales, cárceles, orfanatos, escuelas, se acercan a las personas que necesitan ayuda y compañía.

La fe nunca ha sido algo estático, más bien el ser humano es el que se estanca y no se deja mover por el espíritu. Dejémonos mover por Dios y por Cristo, y que san Guido María Conforti nos inspire.