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P. José Luis Castillo s.x.

San Pedro Esqueda

Ciertamente la Iglesia a lo largo de los siglos ha sufrido persecuciones de una u otra manera. Los cristianos desde el inicio han vivido el martirio como fruto de la fe y la confianza en Cristo crucificado y glorificado. México a pesar de su alto porcentaje de católicos, no ha sido la excepción, se ha perseguido a la Iglesia, prohibiendo el culto, cerrando los templos, matando a quien profesara ser cristiano, incluyendo a los sacerdotes.

En algunas regiones se respira el martirio en las personas que organizan peregrinaciones a los lugares donde los mártires han derramado la sangre por Cristo.

Me gustaría mencionar la vida de un santo que continúa intercediendo por las personas que se acercan al famoso arbolito del mártir de san Pedro Esqueda Ramírez, que nació en San Juan de los Lagos, Jalisco, en el seno de una familia humilde, el 29 de abril de 1887.

 Fue aprendiz de zapatero hasta que ingresó en el Seminario Menor de su ciudad natal. Es ordenado sacerdote en Guadalajara en 1916. Fue vicario en su pueblo natal. El ministerio al que se dedicó con verdadera pasión fue la catequesis de los niños. Fundó varios centros de estudio y formación para catequistas. Era muy devoto del Santísimo; y en plena Revolución Mexicana, organizó a las familias para que no les faltara la guardia perpetua del Santísimo Sacramento.

Cuando llegó la persecución religiosa, se quedó en su pueblo, ejerciendo ocultamente el ministerio sacerdotal, viviendo en casa de una familia, y al darse cuenta de que no podía seguir allí más tiempo, se refugió en Jalostotitlán, Jalisco, en 1927. Pero no pudo aguantar la ausencia de sus fieles y regresó a su parroquia, sin preocuparse del peligro que suponía su regreso. Conociendo que su arresto era eminente, no quiso huir, sino que dijo la Misa y en voz baja hizo un canto al Sagrado Corazón de Jesús.

A media mañana, los soldados rodearon la casa. Intentó esconderse, pero fue localizado y sacado a golpes. Fue arrestado y llevado a un cuarto oscuro de la casa cuartel, donde fue azotado y torturado, y antes de ser ejecutado, le siguieron un grupo de niños a los que repetía: No dejen de estudiar el catecismo, ni dejen la doctrina cristiana por nada.

 Lo llevaron a la salida de Teocaltitlán, donde quisieron subirlo a un árbol donde almacenaban rastrojo para quemarlo vivo, pero por el cansancio físico y los golpes recibidos, san Pedro Esqueda se cayó por las escaleras y se fracturó un brazo. Como no pudieron subirlo, entonces el coronel le disparó tres balazos en la cabeza.

Fue canonizado por Juan Pablo II el 21 de mayo del 2000, junto a 24 compañeros mártires, sacerdotes y laicos. Actualmente el arbolito donde murió, es lugar de reunión del pueblo de Dios que implora la presencia divida por intercesión de san Pedro Esqueda.