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Xaverianos

BUSCA, JESÚS, A SU AMIGO CON VIDA

Autor: P. Osvaldo Pulido R.

Existe entre los humanos una gran dificultad para hablar de la vida, de lo que significa la esperanza, y más aún, nos resistimos a pensar en la muerte. Esta página del Evangelio pretende abrir horizontes sobre el significado de las palabras ‘Muerte’, ‘Vida’ y ‘Esperanza’. Abre tu biblia y comienza a leer San Juan 11, 1- 45.

 Cuando Jesús se dirige a la puerta de nuestra casa va con una certeza: de que nos encontrará con vida. ¿Quién no recordará aquella hermosa escena bíblica de la resurrección de Lázaro? En este texto Jesús es capaz de vencer a la muerte para dar vida; ciertamente esta narración es simbólica casi en su totalidad. Los hermanos Marta, María y Lázaro representan a la comunidad y Jesús mantiene con esta familia un gran amor y estima, rasgos que nos hacen pensar en un Maestro muy humano y cercano a todos. 

 Apego a Jesús

Jesús no tiene la intención de curar la enfermedad de Lázaro sino mantener la vida en Él, por eso espera que la muerte de su amigo quede confirmada: “Cuatro días y huele mal”. Más que la preocupación por la vida biológica de Lázaro, será la vida que trasciende, la vida eterna que ofrece gratuitamente Jesús a su amigo.

Cuando Jesús dice: “Yo soy la resurrección y la vida” está indicando que es algo presente, no futuro o lejano; la vida que ofrece es para ésta y la otra vida. No hay que esperar a que llegue la muerte para conseguir la vida eterna, hay que saber aprovechar la vida que tenemos ahora. Para tener una vida auténtica se requiere como condición necesaria, el apego a Jesús. Recordemos aquellas palabras del Nazareno: “Quien escucha mi mensaje y da fe a mis palabras, posee ya la vida definitiva”.

 

¿Dónde lo han puesto? Señal de esperanza

¿Sabemos dónde están los nuestros? ¿Cómo están? ¿Vivos? ¿Muertos? ¿Comen? ¿Descansan? ¿Tienen trabajo? ¿Necesitan que los escuchemos? ¿Dónde los has enterrado?

Quien no conozca a Jesús y su propuesta, no quiere decir que no tenga vida o no logre salvarse. Poseer la vida definitiva nos ayuda a entender que todo aquel que tiene una actitud como la que tuvo Jesús en su vida (la compasión, justicia, solidaridad, amor), participa de esa Vida, aunque no haya conocido a Jesús. Muchas personas participan ya desde ahora de la vida que ofrece Jesús, aún sin saberlo.

En nuestra vida cristiana, algunas veces asumimos la actitud de Marta, la hermana de Lázaro: “Señor si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Es una fe insuficiente; en el fondo nos estamos aferrando a la vida biológica porque es la que conocemos y más apreciamos. Jesús pregunta a la familia de Lázaro: “¿Dónde lo han puesto?” con esta pregunta el Maestro anuncia la esperanza de encontrar a su amigo con Vida.

 

Reflexión personal                           

Pocas veces se presenta a Jesús tan humano, entrañable y conmovido como en la resurrección de Lázaro. ¿En qué experiencias he reproducido los mismos sentimientos que tuvo Jesús con sus amigos? ¿Qué cercanía experimento cuando tengo que compadecerme por los demás? 

Hoy vivo en una sociedad que ha sido descrita como "Una sociedad de incertidumbre" (Z. Bauman). Me da miedo la violencia que ha marcado nuestra sociedad, mi futuro no está del todo claro de lo que voy hacer, y sin embargo me pregunto: ¿Dónde tengo puesta mi esperanza, dónde mi fe y mi confianza? ¿Qué estoy haciendo para generar vida?

A pesar de las dudas e inseguridades, como cristiano lucho por fundamentar mi fe en Jesús. Él es el Señor de la vida y de la muerte. Sólo en Jesús logro encontrar una esperanza de vida más allá de esta vida biológica. ¿De qué manera contagio a los demás mi experiencia de fe en Jesús?  ¿Cómo lo vivo? ¿Dónde pongo a mi hermano cuando lo veo aparentemente morir?