En el tercer domingo de Octubre se celebra el Día Mundial de las Misiones. Aquellas misiones iniciadas por San Pablo al dirigirse a los pueblos fuera del territorio israelita, para llevarles el anuncio de Jesucristo. También los apóstoles siguieron esta tarea, después de ser iluminados por el Espíritu. De esta manera, hasta el día de hoy, los misioneros han llevado adelante esta noble tarea que Jesús le ha encomendado a los que lo siguen.
El Papa Benedicto nos dice para este día: “La celebración de la Jornada Misionera Mundial de este año adquiere un significado especial. La celebración del 50° del comienzo del Concilio Vaticano II, la apertura del Año de la Fe y el Sínodo de los Obispos sobre la Nueva Evangelización, contribuyen a reafirmar la voluntad de la Iglesia de comprometerse con más valor y celo en la misión ad gentes, para que el Evangelio llegue hasta los confines de la tierra. El Concilio Vaticano II, con la participación de tantos obispos de todos los rincones de la tierra, fue un signo brillante de la universalidad de la Iglesia, reuniendo por primera vez a tantos Padres Conciliares procedentes de Asia, África, Latinoamérica y Oceanía. Obispos misioneros y obispos autóctonos, pastores de comunidades dispersas entre poblaciones no cristianas, que han llevado a las sesiones del Concilio la imagen de una Iglesia presente en todos los continentes, y que eran intérpretes de las complejas realidades del entonces llamado “Tercer Mundo”. Ricos de una experiencia que tenían por ser pastores de Iglesias jóvenes y en vías de formación, animados por la pasión de la difusión del Reino de Dios, ellos contribuyeron significativamente a reafirmar la necesidad y la urgencia de la evangelización ad gentes, y de esta manera, llevar al centro de la eclesiología, la naturaleza misionera de la Iglesia”.
Qué bueno sería que continuáramos con esta visión: de apertura, de diálogo… De sentirnos parte de un mundo que nos pide a gritos el anuncio de la fraternidad de Jesús de todos para con todos, especialmente para los alejados de la fe y del bienestar del que han sido excluidos. Sería excelente para nuestras comunidades llenarnos del Espíritu que motivó al Papa Juan XXIII a renovar nuestra Iglesia, viendo a la humanidad como parte de la gran familia de Dios, que camina hacia la plenitud y que está a la espera del anuncio de la Buena Noticia de Jesús. El Domund nos recuerda que aún falta mucho por recorrer. Son 5 mil millones de personas que aun esperan ese anuncio. ¿Quién se dispone a ayudar?


