• P. Juan Juárez s.x.
  • Revista

Los tres filtros

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Se dice que cierto día, una persona fue a ver a Sócrates para contarle lo que uno de sus amigos estaba diciendo de él. Antes de que comenzara a hablar le hizo esta pregunta: ¿estás seguro que lo que me vas a contar es absolutamente cierto? El hombre respondió: no sé, es lo que escuché en la plaza. ¿Es algo bueno lo que está diciendo mi amigo sobre mí? No, al contrario, es algo malo. ¿Pero al menos, me será de alguna utilidad? No creo que te sea útil.

Ante estas respuestas, entonces Sócrates dijo a aquel hombre: si lo que vienes a decirme no sabes si es cierto, no es bueno y no me es útil, ¿para qué decírmelo?

Los que pertenecemos al grupo al que los estudiosos llaman la generación X, es decir, a los que nacieron entre los años 1969-1980, seguramente recordarán que, sobre todo, en la secundaria, no era raro ver circular por el salón de clase una libreta que contenía una serie de preguntas, más conocido como el chismógrafo, y que servía para conocer la vida de los demás.

Los tiempos han cambiado, y no sé si por los salones de clase siga estando presente este medio de comunicación, pero, más allá del medio que utilicemos, parece ser que el querer meterse en la vida de los demás y sobre todo hablar de los demás, es algo que no pertenece solamente a una determinada generación.

Si bien es cierto que actualmente las redes sociales nos permiten comunicarnos con más personas y tener más cercanía incluso con aquellos que en un determinado momento formaron parte de nuestra vida, por otro lado, hay quienes utilizan estos medios para perjudicar a alguna persona, para divulgar falsas noticias o para sacar algún beneficio personal, aprovechándose de la buena fe de los otros.

Recuerdo que una persona me comentó que no sabía qué hacer, pues en un grupo de whatsapp, había alguien que lo estaba utilizando para desacreditar a otra persona, y no solo eso, otros del mismo grupo habían añadido más comentarios negativos sobre lo mismo. Hace algunos días leía la noticia sobre la muerte de una mujer de la India de sesenta y cinco años, que viajaba en coche con su familia, y que a causa de un mensaje que transmitía una falsa noticia sobre un grupo de secuestradores de niños, fue asesinada por una multitud creyéndola parte de la banda.

Ante esta realidad que vivimos, más que nunca, creo que es necesario que cada uno de nosotros nos hagamos responsables de aquello que compartimos con los demás, y antes de reenviar un video, una noticia, un mensaje, sería bueno que nos detuviéramos un momento y aplicáramos los tres filtros que utilizaba Sócrates: ¿es cierto?¿Ayudará a hacer el bien? ¿A alguna persona le servirá?

Pues de lo contrario, quizás sin quererlo, ayudaremos a dañar alguna persona, incluso un ser querido, ya que en la actualidad, no siempre se puede captar la gravedad de nuestras acciones, pues la gran tentación es confundir ese mundo virtual donde incluso uno puede morir y no hay problema, porque siempre podemos tener unas vidas de reserva que nos permiten seguir en el juego, pero en la vida real, no es así, el daño hecho a los demás por no poner atención, aunque no lo conozcamos, no nos hace menos responsables.