El llamado continua

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El Evangelio según san Mateo nos presenta un caso muy especial, de un llamado a cumplir con una misión, pero es un llamado que se va especificando poco a poco. Nos referimos al caso de José, que el evangelista nos lo presenta como hombre justo (cfr. Mt 1,19). Al describirnos la generación de Jesús, nos habla de una situación difícil de comprender para nosotros y que las traducciones han querido ayudar a su comprensión: María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo (1,18). Aunque no entendamos bien la palabra desposada, que en varios diccionarios es traducida como casada, sí podemos entender que no vivían juntos y que María estaba encinta. Es ahí donde llega el llamado a José, por medio de un sueño.

Al darse cuenta de la situación, José tomó una decisión: Resolvió repudiarla en secreto (1,19). Le llega el llamado del Señor y José cambia lo que había planeado para cumplir con la misión recibida en el sueño: recibir a María, su mujer, y poner el nombre de Jesús al hijo que ella dará a luz (cfr. 1,20-21). Esto último es el reconocimiento público de que el niño es hijo suyo.

No termina aquí el llamado, porque después de la visita de los Magos de Oriente, se le da otra misión a cumplir, también durante el sueño: Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga (2,13). No basta el reconocimiento público de la paternidad, sino que es necesario brindar protección al niño y a su madre, cosa que José ejecuta inmediatamente: Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto (2,14).

El evangelista nos narra una tercera llamada, estando José en Egipto, también por medio de un sueño, junto con su ejecución inmediata, y es la misión de regresar a la tierra de Israel (2,20-21). Viendo la situación política, José dudó sobre el lugar para establecerse, por lo que viene una cuarta llamada, siempre a través del sueño, y su ejecución: establecerse en Galilea (cfr. 2,22-23).

El ejemplo de José, hombre justo, es el de una persona atenta a las indicaciones que Dios le da, capaz de escucharlo, de cambiar sus planes y ágil en la ejecución de lo que se le pide. Son características muy necesarias en todo ser que quiere seguir los caminos de Dios, ya sea tanto en la vocación sacerdotal o misionera como en la vida familiar, lugar en el que José desarrolla su vocación, para que el plan de Dios se realice, dándole más importancia a este que a su propio plan.

Además, aprendemos que la llamada (vocación), no se encuentra solo al inicio, sino que sigue llegando a la persona después de haber dicho sí la primera vez, por lo cual es necesario seguir escuchando a Quien llama, no solo una vez, sino durante toda la vida.