Autor: P. Osvaldo Pulido R.
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Existe una gran diferencia al experimentar: la no vida, ser esclavo, no sentirnos amados, no ser persona…, en contraposición de sentirnos amados e hijos de Dios y regenerados por él. Jesús nos ofrece oportunidades para caminar como hijos de la luz. Te propongo que leas y reflexiones el texto de Juan 9, 1-41.
La misión de Jesús fue revelar el amor que Dios tiene a cada uno de sus hijos e hijas. Al mismo tiempo el Hijo de Dios vino a ofrecer la salvación verdadera al ser humano, pero éste ha de responder a esta oferta con una opción personal de aceptación o rechazo. El texto que vamos a ver, es conocido como el milagro del ciego de nacimiento; es una catequesis que se les ofrecía a los catecúmenos que iban a recibir el bautismo. Todos en nuestra vida hemos vivido momentos de oscuridad hasta no acercarnos a la luz.
Íntegro y libre
Todo el relato del ciego es simbólico, nos habla de todo el proceso de fe que encamina a la persona a pasar de las tinieblas a la luz, de la opresión a la libertad, de no ser nada a ser hombre íntegro y libre.
Los adversarios de Jesús lo acusaban de que él se dijera de sí mismo: “Yo soy la luz del mundo”, esta frase la hace vida no solo con sus discursos sino con sus acciones. Aquel hombre había nacido ciego, por tanto, Jesús no suprime la libertad del ciego, le ofrece la oportunidad de ver, pero la decisión la deja en las manos del ciego. Tendrá que ir a lavarse a la piscina para ser él mismo.
Ungido como Jesús
Encontramos otros personajes en la escena (fariseos, apóstoles, paisanos de Jesús) que prefieren seguir en su ceguera, para ellos es lo más cómodo, es lo que los mantiene en su estatus, su ceguera les permite seguir manteniendo sus intereses personales que algunas veces se han visto amenazados por Jesús.
Jesús, va a hacer un rito para dar la vista al ciego: “escupió en el suelo, hizo un poco de lodo con la saliva y lo extendió sobre los ojos de aquel hombre”. Este rito está simbolizando la creación de una creatura nueva, renovada, el barro moldeado por el Espíritu, es el proyecto de Dios realizado ya en Jesús. El ciego es ya un ungido como Jesús. El hombre carnal ha sido transformado por el Espíritu.
La duda de la gente: “¿Este ciego no es el que se sentaba a pedir limosna? ¿Cómo ha conseguido ver?” Refleja la novedad que aporta el Espíritu. El ciego siendo él mismo, es otro, de ahí que exclame con alegría. “Soy yo mismo”, esta frase indica la realidad del hombre transformado por el Espíritu.
Reflexión personal
El ciego de nacimiento estaba limitado y carecía de toda libertad antes de encontrarse con Jesús. A partir del encuentro con el Nazareno, el ciego se siente otra persona, con ilusión a emprender la vida. ¿Me he puesto a pensar qué es lo que actualmente no me deja ser una persona integra, libre? ¿Qué obstáculos en mi vida no me permiten avanzar? ¿Trato de encontrarme con Jesús para que él me libere, como el ciego?
Jesús le hace una pregunta al ciego: ¿Creer en el Hijo del hombre? El ciego se confunde aún más, él no sabe quién es ese hombre, no lo había visto nunca. En mi vida me puede pasar igual, ante mis dudas de fe me pregunto: ¿Existe Dios? ¿Que valor tiene Jesús para mi vida? ¿Valdrá la pena seguirle? ¿Qué hago por aclarar mis dudas?
Los vecinos, los parientes y los fariseos no podían creer lo que Jesús había hecho con el ciego, el cual recibió ciertas acusaciones y tuvo que testimoniar el milagro. Todo encuentro con Jesús me ha de llevar a dar testimonio de mi fe. ¿Me atrevo a confesar a Jesús ante los demás, le cuento a la gente las maravillas que Dios ha hecho con mi vida? ¿Cómo y con quiénes comparto esta experiencia?

