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Xaverianos

SAVIO CORINALDESI, incansable y eficaz misionero

Autor: P. Carlos Mongardi

/ En el padre Savio encontramos un imitador de Conforti en su animación misionera de la  iglesia, del clero  y pueblo de Dios en Italia, España y Brasil. Actualmente se encuentra en Brasil donde ha trabajado en la IAM (Infancia y Adolescencia Misionera) y en la Animación Misionera.

 ¿Por qué te hiciste misionero?

Recuerda el padre Savio que al origen de su vocación misionera está un cálculo matemático: se encontraba en el seminario regional de Fano, Italia, donde cursaba la preparatoria. Y se dio cuenta que el mundo era más grande que su diócesis y que había una desproporción enorme en la distribución del clero: de mil habitantes en las parroquias italianas hasta cincuenta mil o cien mil en las misiones de América Latina, África y Asia. Así eran las estadísticas en los años cincuentas, aunque hoy las condiciones se han emparejado también en Europa.

¿Cómo describes la diferencia entre un compromiso pastoral diocesano y la actividad misionera?

El compromiso misionero, como el pastoral, es de todos y cada uno de los cristianos. La diferencia consiste en “cruzar la calle o cruzar el río”, es decir, en tomar en cuenta la diferencia, dentro del marco religioso y pastoral en general, entre la situación de nuestra iglesia local y el territorio que está más allá de la calle o del río. Además las muchas diferencias culturales y sociales. Hace falta dar una mano a quienes tienen más necesidades.  Partir para ir lejos, al comienzo provoca miedo y atracción a la vez. Pero en la práctica, las personas de cualquier color, idioma, cultura son más cercanas por el mismo pensamiento y corazón.

¿En cuáles países has realizado tu actividad misionera?

 Después de la ordenación presbiteral, en 1962 fui enviado a España, precisamente para la animación misionera, es decir, estimular la conciencia misionera “ad gentes”, en la comunidad, en todos sus sujetos: clero, laicos, religiosos, jóvenes sobre todo. Pude visitar casi todos los seminarios de España, con problemas y crisis, y con grandes ilusiones y esperanzas.

En el 1968, esperaba salir a África, pero mis superiores me enviaron a Amazonas, donde trabajé 34 años, con un paréntesis de tres años en Italia. En el 2002 el P. Savio fue llamado a Brasilia por parte de la CNBB (Conferencia de obispos) como responsable de la animación misionera de todo Brasil.

¿Qué trabajos desarrollaste en tu misión en Amazonas?

Durante doce años trabajé en la pastoral directa en una parroquia con una enorme extensión y dos centros de 15.000 habitantes y 75 comunidades rurales, muchas alcanzables sólo por agua. La visita a las comunidades es para dar los sacramentos y ayudar a los ministros laicos, hombres y mujeres, en la organización de los encuentros de oración, proclamación de la Palabra, catequesis a los niños, atención a las necesidades y problemas sociales. Normalmente, los practicantes son un 10% de la población y sólo en unas fiestas populares hay una participación masiva. Los otros años me dediqué alma y cuerpo a atender el Centro de Pastoral de la Prelatura de Xingu, en la que tuve mucho acceso a la pastoral social en tiempos que desaparecían adolescentes y mujeres con frecuencia, y para que los pobres no se quedaran sin tierra para vivir y trabajar.

¿Cuáles son unas urgencias misioneras en las iglesias de Brasil y de Italia?

Me refiero a un diálogo intercultural e interreligioso, en Brasil con los negroamericanos, las sectas, los marginados de las favelas y los pueblos indígenas. En Italia a las olas de migrantes de otras culturas y religiones, a un superación de todo racismo y nacionalismo, a una escucha de las propuestas arreligiosas y posrreligiosas. No se puede olvidar construcción de la aldea global y animar a la juventud y a la iglesia a buscar otro mundo posible.