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P. Carlos Abraham Zamora s.x.

Jóvenes, la esperanza de un mundo desgarrado

El pasado 23 de octubre, un grupo de jóvenes se reunió en nuestra comunidad de Salamanca, Gto., para celebrar el Domingo Mundial de las Misiones (Domund 2017). El evento coincidía con el inicio del Año de la Juventud en México y nos acompañaba la invitación del papa Francisco durante la Jornada Mundial de la Juventud del 2016 en Polonia, invitando a los jóvenes a ser esperanza de un mundo nuevo. ¿Qué implicaciones tiene esta invitación a tan gran tarea?

Para comenzar la reflexión se preguntó a los participantes a esta Jornada Misionera sobre la visión que ellos tienen del mundo.

Para que se pudieran expresar mejor los jóvenes, se reunieron en pequeños grupos. A través de las respuestas que compartieron, se manifestó la gran diversidad de retos y desafíos que la juventud a nivel mundial enfrenta como la necesidad de mejor capacitación laboral y académica, la falta de empleo, la contaminación, la corrupción y el consumismo. Se resaltó, sin embargo, que no obstante la facilidad que se tiene para estar informados de eventos y acontecimientos que suceden al otro lado del mundo, la visión de la realidad que se expresa está significativamente marcada por la realidad inmediata en la que se vive. Tristemente, para muchos de ellos, la visión inmediata es la falta de seguridad y violencia. Lo paradójico es que muchos jóvenes son víctimas de la agresión y el robo de otros jóvenes, y no son pocos los que ven acrecentarse día con día la desconfianza entre familias y dentro de sus comunidades.

A los cambios generacionales que ya provocan continuas crisis y conflictos dentro de las familias, se agrega el agravante de recurrir al dinero fácil, usurpando los bienes o el trabajo de otros por parte de jóvenes que se sienten sin apoyo para continuar con su preparación escolar, ni con oportunidades laborales dignas. Existe una verdadera crisis de violencia cotidiana en nuestro entorno y esta es la perspectiva con la que se observa al resto del mundo. Son muchos los que tienen el deseo de poder salir de esos ambientes y aspirar a lugares de mayor paz y estabilidad.

La invitación que surge del Evangelio y que resuena en la invitación del papa Francisco a la juventud de ser esperanza de un mundo nuevo, ya ha sido escuchada y motiva a una gran cantidad de jóvenes que saben que esa llamada no puede ser ignorada, no se puede esperar que las autoridades o sus padres lo solucionen todo.

No podemos simplemente ver y quejarnos que haya jóvenes que sean víctimas de otros jóvenes, es necesario motivar para que sean cada vez más los jóvenes apoyando a otros jóvenes. El Papa nos llama a profundizar en nuestra fe, fuente de identidad y fortaleza en el camino. El discernimiento vocacional, que es la otra parte de su invitación, puede ayudarnos a unir esfuerzos, para que todos aquellos involucrados en la pastoral juvenil y de adolescentes, en la catequesis y en tantos otros servicios eclesiales intensifiquen su ánimo y pasión por el Reino, además para llamar a la acción y al servicio a quienes no se han dado cuenta que con su amor y entrega pueden hacer una gran diferencia para sanar este mundo herido que espera un nuevo samaritano.