La historia de la Iglesia está marcada por el martirio, como signo de una fe vivida y testimoniada. “Caminar tras las huellas del divino Maestro exige una decidida toma de posición por Él. Es preciso comprometerse a seguirlo dondequiera que vaya. Sin embargo, en este camino los jóvenes saben que no están solos. Los numerosos adolescentes que a lo largo de los siglos han pagado con el martirio su adhesión al Evangelio están a su lado para infundir en su corazón la fuerza de permanecer firmes en la fidelidad.” (Mensaje de San Juan Pablo II con ocasión del centenario de la muerte de Santa María Goretti, 08-07-2002).
A lo largo del año litúrgico vamos recordando y celebrando la victoria de la vida plena, en Jesús resucitado, con el martirio y la esperanza de la resurrección. En el mes de enero celebramos una Santa que motiva a las niñas a seguir a Jesús: santa Inés que tuvo un breve paso por la tierra, sin embargo suficiente, gracias a su intensa y profunda fe, para ser modelo de fidelidad a su amado Jesús sobre todas las cosas, llegando a dar su vida.
Su mismo nombre es presagio de su vida. Inés significa en griego significa pura y en latín cordero. Inés muere pura, imitando a su amado, el Cordero de Dios.
Santa Inés nació al rededor del año 290 d. C. Pertenecía a una noble familia romana. La joven recibió muy buena educación cristiana y había consagrado su virginidad al Señor Jesús.
Debido a sus riquezas y hermosura, la santa fue pretendida por varios hombres, incluso por el hijo del alcalde de Roma, el cual le prometió grandes regalos a cambio de la promesa de matrimonio. Pero ella, fiel a su Esposo Jesús, le respondió: "He sido solicitada por otro Amante. Yo amo a Cristo. Seré la esposa de Aquel cuya Madre es Virgen; lo amaré y seguiré siendo casta". Ante esta negativa, él la denunció como cristiana al gobernador. Era la época de la persecución de Diocleciano.
El gobernador intentó persuadirla con amenazas, pero no logró que la joven renunciara a su fe. Estaba enamorada de Cristo y eso la hacía perseverar y no ceder ante el temor de la tortura.
Al no lograr convencerla, el gobernador la condena a ser exhibida desnuda ante la multitud en el circo Agonal, actual plaza de Navona en Roma para su humillación pública. Se cuenta que sus cabellos crecieron para cubrir su cuerpo. Finalmente resuelve condenarla a muerte degollada.
En el momento de morir le dice al gobernador, que aún la intentaba persuadir de que renegara de su fe y fidelidad a Jesús a cambio de perdonarle la vida: "La esposa injuria a su esposo si acepta el amor de otros pretendientes. Únicamente será mi esposo el que primero me eligió, Jesucristo. ¿Por qué tardas tanto verdugo? Perezca este cuerpo que no quiero sea de ojos que no deseo complacer". No quedó lugar sin herida en aquel cuerpo tan pequeño.
Sus restos fueron enterrados en la Vía Nomentana, en las llamadas catacumbas de Santa Inés. Aún hoy, el 21 de enero de cada año, se bendicen en este lugar dos corderillos con cuya lana se teje el palio del Papa y de los Arzobispos.
Santa Inés nos enseña que la fe lleva al heroísmo. Ella, con trece años solamente, entrega su vida. Pidámosle a Dios que aumente nuestra fe, y a ella que nos enseñe de su firmeza, confianza, y generosidad al dar la vida.



