A partir de las tensiones ocasionadas por parte del presidente Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong-un. El obispo John Chrysostom kwon Hyeok-ju, de la ciudad surcoreana Andong, muestra su profunda preocupación de la catástrofe que podría desatarse si se llegase a una guerra de acento nuclear. Así mismo los Obispos surcoreanos mantienen una expectativa tensa ya que los débiles y los inocentes acarrean las consecuencias de líderes que no piensan más en que en sí mismos y en su egocentrismo bajo el estandarte de la ciudadanía.
Además, el tono de la violencia bélica que se ha suscita- do a raíz de las declaraciones de varios líderes internacionales, que han colocado el trabajo de la construcción de la paz y de la justicia como un trabajo que puede ser destruido con una simple declaración de guerra. Tanto trabajo le ha costado al hombre reconciliarse de violencias pasadas que han dejado huellas profundas en las familias que han vivido esas circunstancias y aún el hombre no alcanza a entender que la violencia no resuelve absolutamente nada.
Ante todo, la vida cristiana tiene como fondo la esperanza fundamental de que Dios ha entregado a su propio Hijo para que el hombre pueda vivir ya sin pecados ni ataduras, pero aún no alcanza a comprender la profundidad de la experiencia del Cristo crucificado. El Obispo John Chrysostom kwon declara “Vamos a conseguir paz en esta tierra haciendo trabajos de paz en nuestras vidas cotidianas”. Y la verdad es que no se puede esperar la paz sentados o posicionados en un lugar estático y pasivo, la paz se construye y se busca.
El Evangelio presenta la figura de Cristo que creyó en la bondad y en la capacidad del hombre. Los cristianos, aun cuando actualmente seguimos siendo mayoría, no hemos podido dejar de sentir la capacidad de construir la paz. Todos buscan la paz, pero no todos se animan a construirla. Porque la paz se vive en lo cotidiano y en los lugares de toda nuestra vida: si no devolvemos el insulto, si tomamos las cosas con calma, menos gritos, más fe en resolver problemas que buscar culpables, etc. Allí se comienza a crear una cultura de la paz.
Toda persona gusta caminar por las calles sin tener miedo de ser víctima de asalto, de la violencia o del secuestro. El católico no puede vivir con miedo, pero debe crear un lugar donde pueda caminar fiado de la verdad, allí es entonces donde Cristo nos muestra el camino, “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn. 14, 6). Su palabra, sus milagros, su atención a los pecadores, su entrega en la Cruz, son para nosotros modelo y motivo para encontrar en Él la paz que tanto anhelamos y que queremos para nuestro mundo.



