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P. José Luis Castillo s.x.

Catequista de heroica fe

En 1885, en la población de Bokendela (Boangi), en la actual República Democrática del Congo nació Isidoro Bakanja. Su padre Iyonzwa y su madre Inyuka no eran cristianos. En la época en que nació Bakanja, comenzaron a llegar los misioneros, pero también diversos explotadores que lo único que les interesaba era la acumulación de riquezas obtenidas especialmente a través del comercio del caucho y del marfil.

Siendo joven, Bakanja, va a la población de Mbandaka donde es contratado como albañil. Allí conoce los monjes de la Trapa (cistercienses) en la misión de Bolokwa-Nsimba. Impresionado por la hospitalidad y la dedicación de los misioneros para con los pobres y los enfermos, pide ser bautizado. Recibe el Bautismo en la parroquia de san Eugenio, en Bolo- kwa-Nsimba, el 6 de mayo de 1906, con el nombre de Isidoro y es investido con el escapulario del Carmen.

Isidoro es el único cristiano y no puede guardarse para si el gozo que le invade de conocer a Cristo, por lo que comienza a hablar de Jesús a sus compañeros y les enseña a rezar. Su patrón Van Cauter, quien era conocido por su dureza y su feroz oposición al cristianismo y a los misioneros cristianos, se percata de ello y le prohíbe que enseñe a rezar a sus compañeros de trabajo y le ordena que deje de difundir «lo aprendido con los padres», y añade:

«¡Ya no quiero cristianos aquí! ¿Entendido?». Luego, arrancando el escapulario del cuello del joven, se lo lanza a su perro. Después, él mismo va en busca de un chicote de piel de elefante que lleva incorporados dos clavos y lo manda azotar hasta hacerlo sangrar. A pesar de todo, el joven cristiano continúa manifestando libre y abiertamente su fe, retirándose para rezar el rosario y para meditar, ya sea solo o en compañía de otros obreros.

Un día, durante un tiempo de des- canso, Van Cauter ve a Isidoro en actitud de oración. Furioso, ordena flagelarlo en el acto. Isidoro recibe numerosos golpes, que le arrancan la piel y le cortan la carne. A continuación, es arrastrado inconsciente hasta la prisión, donde permanece cuatro días, sin recibir atención médica ni alimentos, con los pies atados a dos anillos cerrados con un candado.

Los días 24 y 25 de julio, dos padres trapenses acuden a administrarle los últimos sacramentos: confesión, unción de los enfermos y comunión. Isidoro perdona a sus verdugos y reza por ellos. «Padre –dice a uno de los misioneros–, el blanco no amaba a los cristianos, no quería que yo llevara el hábito de María, el escapulario, me insultaba cuando rezaba. Pero no estoy molesto. El blanco me ha golpeado, pero es asunto suyo. Él sabrá lo que hace. En el Cielo rezaré por él».

La mañana del domingo 15 de agosto de 1909 atravesaba la puerta del Paraíso, este mártir del rosario y del escapulario del Carmen, día en que la Iglesia celebra la entrada triunfal de María a los cielos. El 25 de abril de 1994, el papa Juan Pablo II lo beatificó, presentándolo al mundo como modelo de santidad en estos términos: «Isidoro, sufriste la flagelación como tu Maestro porque quisiste permanecer fiel a la fe de tu bautismo a toda costa. Igual que tu Maestro en la cruz, perdonaste a tus perseguidores, mostrándote artífice y modelo de reconciliación. Revestido con el "hábito de María", avanzaste como ella y caminaste en tu peregrinación de la fe. Ayúdanos a nosotros, que debemos recorrer el arduo camino, a elevar los ojos hacia María y tomarla como guía.» Fue proclamado patrono de los laicos de la República Democrática del Congo en 1999.