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A un albañil que estaba a punto de jubilarse, su patrón le pidió que si podría dirigir la construcción de una última casa como un favor personal. El albañil accedió de mala gana, pues deseaba pasar más tiempo con su familia y dedicarse a hacer las cosas que siempre le hubiera gustado hacer. Comenzó la construcción de la casa, e inmediata- mente uno se daba cuenta de que el albañil no le estaba echando ganas, pues aparte de que se estaba tardando más de lo normal, ponía materiales de mala calidad, y no exigía a sus compañeros que hicieran un buen trabajo.

Estamos en unos meses en que la vida de muchos cambiará de rumbo. Hay quienes comenzarán a ir a la escuela, buscarán por primera vez un trabajo, vivirán en una nueva comunidad, o tendrán que decidir qué carrera van a estudiar…

Si bien es verdad, que en ciertos momentos no hay que pensarle mucho, por- que la vida misma nos presenta la siguiente etapa a seguir, sin embargo, hay otros momentos en los cuales vivimos cierta incertidumbre por no saber qué rumbo tomar y surge espontáneamente la pregunta: ¿y ahora qué?

Responder a esta pregunta no siempre es fácil, sobre todo si no partimos de la realidad que estamos viviendo, porque el camino de la vida implica asumir con libertad mi realidad y mi circunstancia, ya que las personas que han logrado hacer algo en la vida, asumieron su realidad y su libertad en medio de lo que sus circunstancias los posibilitaban o los limitaban.

Pues siempre existe la tentación de tomar esas decisiones uno mismo, sin pedir consejo a otros, ni mucho menos ponernos a la escucha de Dios. Ya que cuando nos acercamos a Dios a veces lo que pretendemos es que Él nos escuche, y si no tenemos nada que deseemos decirle o pedirle, entonces no lo buscamos. Tal vez una de las razones por las cuales no buscamos a Dios en esos momentos, es porque responder a su llamada, es siempre un desafío, el seguirlo no es fácil, incluye renunciar a muchas cosas o decir no a nuestros proyectos personales.

Pero cuando no nos acercamos a Dios para tomar las decisiones importantes, corremos el riesgo de construir nuestra vida de manera irresponsable, de no utilizar aquellas virtudes humanas indispensables que elevan la calidad de las relaciones interpersonales como: la serenidad, la cortesía, la lealtad, la alegría, la constancia, la capacidad de diálogo, y la fortaleza para enfrentar alegremente las fatigas y dificultades, y que nos dan la posibilidad ser felices.

Este tiempo de fin de curso, es una buena oportunidad para reflexionar en todas aquellas circunstancias de nuestra vida en las que sentimos la presencia de Dios, y nos iluminó para poder elegir lo que había en nuestro corazón.

Al fin se terminó la construcción, y cuando el albañil le entregó las llaves de la casa recién construida, para su asombro, el patrón se las devolvió inmediatamente, pues había pensado regalársela como una muestra de aprecio y agradecimiento por haber construido tan bonitas casas en su vida, menos una, donde a partir de ese momento iban a vivir él y su familia.