Existe la necesidad del diálogo porque no se piensa de igual forma que los demás, ya que, si todos pensáramos de la misma manera, no se necesitaría dialogar para ponerse de acuerdo o para buscar la verdad.
Quien piensa completamente diferente de nosotros es Dios, el totalmente Otro, el tres veces Santo, ya que hay una gran distancia entre sus pensamientos y los nuestros, tal y como nos lo hace ver el profeta Isaías (cfr. 55,8-9), una distancia como la que existe entre el cielo y la tierra, por lo cual es muy fácil equivocarnos en nuestros pensamientos como Pedro, que es reprendido por Jesús después de la profesión de fe: ¡Quítate de mi vista, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres (Mc 8,33).
Muchas veces, en el diálogo con el que piensa diferente, tratamos de imponer nuestra manera de ver las cosas y lo vemos como un rival, a ver quién gana; pero con Dios no funciona así, aunque Él nos permita decirle lo que pensamos y lo que de- seamos, nos es imposible comprender sus designios.
Sobre este punto es muy interesan te el diálogo de Job con sus amigos, los cuales lo quieren convencer de que sus males son consecuencia de algún pecado suyo, pero no lo logran y entonces Job quiere enfrentarse con Dios, reclamarle, pedirle explicación del porqué de sus sufrimientos. En los capítulos del 38 al 41, Dios hace ver a Job que él es incapaz de comprender sus designios, que Dios no necesita de consejeros para regir el mundo, como tampoco los necesitó al momento de crearlo; entonces Job mismo reconoce su in- capacidad: He hablado de grandezas que no entiendo, de maravillas que me superan y que ignoro (Job 42,3).
De aquí la importancia de la escucha al dialogar con quien piensa diferente. Por eso los judíos repetían tres veces al día la oración del Shemá Israel (Dt 6.4), porque para ponernos delante de Dios, necesitamos una actitud de escucha, ya que varias veces lo que pretendemos es que Él nos escuche, y si no tenemos nada que deseemos decirle o pedirle, entonces no lo buscamos. Mientras que la actitud del creyente debe de ser la de la escucha constante de Dios durante toda la jornada.
Escuchemos a Dios para aceptar sus designios como signo de nuestra fe y confianza en Él, y la escucha de Dios debería ser nuestra guía en el diálogo con los seres humanos que piensan diferente de nosotros, en caso contrario, corremos el riesgo de apartarnos de Dios y de sus designios, como lo dice el Salmo 73 (72): Por poco mis pies se me extravían… al ver la paz de los impíos… Si hubiera dicho: “Voy a hablar como ellos”, habría traicionado la raza de tus hijos (vv. 2.3.15). Dialoguemos con los demás, escuchando siempre a Dios.



