/ En plena fiesta de la familia xaveriana, por la canonización de nuestro Fundador san Guido María Conforti, llegó inesperadamente la noticia de la muerte repentina del P. Bruno (1946-2011), un misionero xaveriano que trabajaba en Mozambique, y ha dado su testimonio y anuncio en cuatro continentes.
La historia misionera del padre Bruno empieza desde el seminario diocesano de Ceseña, Italia, donde cursó la secundaria y la preparatoria en Bolonia. Allí maduró su vocación no de cura diocesano sino de misionero xaveriano. En 1963 entró al noviciado y en 1972 fue ordenado presbítero. Al año fue destinado a la misión de Indonesia, donde trabajó siete años, particularmente con los aborígenes de las islas Mentawai. Acompañó a una comunidad cristiana en crecimiento, a los veinte años de su fundación, con un buen trabajo de los catequistas en los ranchos y los frutos del primer anuncio del evangelio.
De regreso a Italia, en 1980, fue enviado a abrir una comunidad xaveriana de animación misionera en Taranto, sur de Italia. Pasó cinco años de intenso servicio y con una profunda colaboración del clero y laicos, para despertar en el pueblo de Dios una verdadera conciencia misionera.
En 1985 fue de nuevo destinado a la misión, pero a Brasil Sur, donde trabajó en la periferia de Curitiba, formando una comunidad cristiana luego confiada al clero diocesano. Y se fue a Belo Horizonte empezando de nuevo y dando vida a dos parroquias también entregadas a la iglesia diocesana. Estaba viviendo en las “favelas” de Piracicaba, -ya que compartió siempre la vida de los más pobres, animando comunidades cristianas fraternales- y pidió ser enviado a la nueva misión xaveriana en Mozambique, donde llegó en 1998.
Llegó poco después de una larga guerra civil que había causado más de un millón de muertos, destrucciones y abandono de las tierras de parte de los campesinos. Los primeros tiempos –recuerda P. Bruno- no teníamos ni una choza y dormíamos en descampado. Pero poco a poco descubrió unas treinta pequeñas comunidades cristianas nacidas durante la guerra, sin la participación de ningún presbítero.
Así se difunde la evangelización desde la misma gente: un grupo de personas no cristianas, en un rancho, empieza a reunirse para orar de la manera que han visto en otro rancho cercano, luego buscan a un catequista y cuando ya están preparados invitan al misionero. Estamos dos misioneros para más de setenta ranchos, en la diócesis de Beira, hablando el idioma local cisena. Encontró una condición humana de sufrimiento, hambre, superstición y ayudó con su constante alegría, disponibilidad, capacidad comunicativa y organizativa, sea a toda la gente como a la comunidad de misioneros xaverianos y de presbíteros diocesanos.
Una señal de su persona y espíritu eran los guaraches, que siempre usaba, representando su sencillez, pobreza, transparencia. Murió al día siguiente de la canonización de nuestro Fundador, el 24 de octubre de 2011, rápidamente, sin molestar a nadie para ir al encuentro del Padre y de san Guido M. Conforti, dejando un hueco en el trabajo misionero y en el corazón de mucha gente.


